viernes, 17 de noviembre de 2017

Pequeña flor. Iosi Havilio


     "Esta historia comienza cuando yo era otro."

     Los lectores somos unas personas tan peculiares que podemos decir mil veces que no está bien juzgar un libro por su portada y luego comprar otro justo por ese motivo. Y además, no tener remordimiento alguno por hacerlo. Es más, yo hice esta misma semana con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Pequeña flor.
 
     Conocemos a José, un hombre que descubre en las primeras líneas que ha perdido su trabajo. Le toca entonces quedarse en casa, cuidar de su hija Antonia y realizar labores domésticas. Laura, su esposa, será quien trabaje, le va bien, los roles cambian. Sin embargo, José tras un serio percance con un vecino hará un terrible descubrimiento.

     Hoy estamos ante un libro personal e inclasificable, casi experimental en sus formas y también en el fondo del que, en cambio, es difícil no hablar. Iosi Havilio nos regala esta suerte de novela, y digo "suerte" porque a mi me ha parecido más un relato y también porque, jugando con el significado y uso de esa palabra, ha sido una suerte que se cruzara en mi camino. A fin de cuentas, la suerte es importante en la vida de cualquiera.
      Havilio escribe su historia como si la estuviera contando su protagonista de forma atropellada, en un solo párrafo sin puntos y a parte, divisiones en capítulos, ni cualquier otro recurso que se os pueda ocurrir que permita al lector hacer un parón. Sensación que, además, no duda en acrecentar utilizando expresiones como árbol de proporciones, sin decirnos cuales pero sabiendo que al lector no le hace falta ese dato para tener claro el tamaño del árbol. De hecho, el libro está salpicado de esta suerte de incoherencia buscada que aporta a la novela un tono muy especial, pero que no dificulta su lectura como tampoco lo hace que acuda en algunos momentos a los recuerdos sin romper ese enorme párrafo que lo constituye. Y sin que se le haga pesado, lo cual tiene muchísimo más mérito.

     Pensaréis ahora que lo experimental del libro es la parte formal, pero no se trata solo de eso, también tiene mucho de ello una trama que baila entre memorias, casi confesiones, costumbrismo, relato fantástico o incluso negro. Encontraremos música, jazz, y mucha literatura que parece ser un buen refugio particularmente si se trata de Tolstoi, también hay engaños y crisis matrimoniales, y descubrimientos infantiles y grandes sorpresas, al menos, para mi, que llegan a su punto más alto en un final sorprendente que puede resultar incluso cruel según la interpretación que se le de a la novela. A medida que voy explicando me doy cuenta de mis omisiones conscientes, como la muerte de alguien importante en el libro, el vecino, algo que hay que contar porque es vital en esta historia, y de otras no tan conscientes que solo he tocado de pasada como es el matrimonio entre José y su mujer y el desgaste y apatía por el que pasan. Y es que Havilio, toca muchos temas por los que va pasando su historia de una forma más o menos encadenada. Por eso parece casi una confesión y por eso resulta tan complicado interrumpir su lectura, por lo cambiante, la metamorfosis constante que hace que comencemos temiendo estar ante una historia triste de un hombre sin trabajo y finalicemos casi boquiabiertos sin saber cuánto de fantástico tiene lo leído.

     Pequeña flor no es un libro para cualquiera y, por mucho que haya visto a gente decir lo contrario, tampoco es para ser leído del tirón. Es una de esas rarezas que uno disfruta poco a poco para darse cuenta de cada una de sus peculiaridades. Y también es, por si alguien no lo sabe, una bella canción


     Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro por su cubierta?

     Gracias.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift


     "Empecé a oir en torno a mí un ruido confuso, pero en la posición en que estaba no me era posible ver otra cosa más que el cielo. Al cabo de un instante sentí que algo vivo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando suavemente pecho arriba, se llegaba hasta casi mi barbilla. Al volver la vista hacia abajo lo más que puede, advertí que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba en su espalda....." 

     Otro recuerdo de mi infancia. Anda que no me vi veces versiones de ese gigante con pantalones azules que era Gulliver llegando a Liliput, donde lo ataban de dormido en una playa. Me encantaba la historia. Con el tiempo me decidí y así es como terminé leyendo Los viajes de Gulliver, que no Gulliver en Liliput, como yo lo conocía.

      Así empecé a leer dentro del libro, otro titulado Viajes a varias remotas Naciones del Mundo, y conocía su autor, Lemuel Gulliver, un cirujano amante del mar y las aventuras, que cambió su profesión por la de capitán de barco. Gulliver nos cuenta sus cuatro viajes, donde hay enanos, gigantes, caballos...Sí, caballos que hablan y están moralmente por encima de las personas en un lugar utópico que, incluso, nos señala en el mapa.

     Una vez más me sorprendí, no me pareció una novela juvenil. Luego he leído que hay muchas ediciones adaptadas que, supongo, serán como las películas que veía hace años. Pero el libro, con el texto completo, no es literatura para niños.
      Pese a estructurarse en cuatro partes, más la nota del ficticio editor al principio y la del propio Gulliver quejándose de la calidad de la edición al final, podemos apreciar como a medida que avanzamos, las historias que nos presenta son cada vez más fantásticas, imposibles de creer y con una crítica más feroz y muchísimo menos encubierta. Es un libro escrito por un hombre deseoso de expresar su crítica social, los vicios que condena y la degeneración a la que consideraba se iba acercando la humanidad.
      En cada uno de sus viajes Gulliver se encuentra en un mundo mejor que el suyo, con mejores conceptos, mejores formas de vivir y valores, y se ve obligado a defender su país y sus costumbres exagerando, a la vez que sabe que se encuentra en un lugar mejor. Incluso los animales son representados mejores que las personas en un mundo en el que, de la mentira, no existe ni el concepto. Pero él se empeña en alabar hasta ridiculizar sus costumbres, consiguiendo que nadie lo crea. La sociedad entera es objeto de su pluma afilada, la suya, la que le tocó vivir, pero también lo es la nuestra por extensión.
     No contento con eso, da una vuelta de tuerca Swift criticando también los libros de viajes, que considera siempre mienten, y para ello utiliza un libro de viajes en el que absolutamente todo es mentira. Y lo adorna con amplias descripciones en este libro de fábula escrito por un hombre al que declararon incapaz al final de sus días y que yo, y esto es opinión personal, tras leer su obra, considero totalmente cuerdo.

     Un clásico que os recomiendo descubráis por vosotros mismos si aún no lo habéis hecho, porque, ¿os acercáis alguna vez a este tipo de historias ya conocidas por todos pero pocas veces leídas de verdad?

     Gracias

martes, 14 de noviembre de 2017

Héroes de la frontera. Dave Eggers



     "Existe la felicidad orgullosa, felicidad nacida de realizar un buen trabajo a la luz del día, años de una labor que merece la pena, y después estar cansada, y contenta, y rodeada de familiares y amigos, bañada en satisfacción y lista para un merecido descanso: sueño o muerte, tanto da."

     Cada vez que pienso que un libro tiene pinta de road novel, allá voy. No puedo evitarlo, me atraen. Quizás porque para mi la experiencia de conducir durante viajes largos es una gran opción para ordenar mi mente, y eso hace que piense en novelas introspectivas. No lo sé. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Héroes de la frontera.

     Conocemos a Josie, una mujer en la cuarentena con dos hijos que ha perdido su consulta odontológica. Ella arrastra un sentimiento de culpa por un paciente al que animó a alistarse y también arrastra una vida de decepciones. Cuando la conocemos huye de Carl, su expareja que jamás se quiso casar con ella, pero ahora quiere hacerlo con otra, embarcándose junto a sus dos hijos en una autocaravana por las Carreteras de Alaska hasta la casa de su hermana Sam.

    Ya en las primeras páginas del libro nos damos cuenta de que la protagonista no va a ser una heroina ni tampoco todo lo contrario. Josie huye y lo hace de forma consciente. Arrastrando a sus hijos, con una bolsa con dinero y sin teléfono, sin importarle si empiezan las clases o si es normal lo que está haciendo. Y lo hace, a poder ser, con una copa o vaso de vino en la mano. Huye de una vida de insatisfacciones y no lo oculta: ¿Tienes la impresión de estar haciendo lo que debes?¿De aprovechar el tiempo como es debido? pregunta en un momento determinado Josie a su hermana , porque ella se lo ha preguntado a lo lago de su vida muchas veces, demasiadas, incluso en los supuestos momentos felices. Y ahora huye de todo por las carreteras de Alaska, ese lugar que ha idealizado y que descubre como una zona ahogada en la neblina de una docena de incendios forestales. También les esquiva en Alaska, como se esquivan los golpes de la vida. Y también habrá errores que la conduzcan a ellos. Y es que Eggers no tiene compasión con su protagonista. no será una madre coraje aunque sí que proteja a sus hijos. Josie ha convertido a su hijo mayor, Paul, en una suerte de ángel de la guarda de Ana, una niña que tras nacer prematura y superar dificultades, parece empeñada en lastimarse o lastimar al mundo con su presencia. Y ella les mira detrás de otra neblina la mayor parte del tiempo; la neblina del vino. Y si embargo no la veremos como una madre terrible, sino honesta, desordenada pero que intenta encontrar algo correcto que hacer con su vida y la de sus hijos. Una mujer perdida en una historia en la que los niños brillan por su realismo, apenas conscientes de lo que viven.

     Supongo que los héroes de la frontera en esta novela son todos y cada uno de los supervivientes que Eggers nos presenta, no solo los habitantes del Chateu rodante, pero lo son sobre todo ellos. Personas que van siendo empujadas por la vida a un estado de infelicidad aceptable y que un día deciden romper con todo sin más equipaje que un puñado de dinero que saben que se va a terminar y la esperanza de llegar a un lugar mejor en sus vidas, más que en la tierra. Y eso que Alaska también importa en el libro, porque no hubiera sido lo mismo contado en cualquier otro lugar. Alaska tiene algo de inhabitable, de zona de paso, de supervivencia en pequeños lugares. Allí todos los hombres son grandes y las mujeres duras, todos luchan y sonríen. Y quizás esa sea la verdadera menta de Josie, y ese sea el camino que nos invita a realizar el autor. Personalmente, he disfrutado de la ruta.

     Héroes de la frontera es una de esas novelas de vida que a ratos puede resultar incómoda o estresante y al capítulo siguiente es capaz de enamorarnos. Una historia en la que no hay buenos y malos, solo existen las personas.

     Y vosotros, ¿hay algún tipo de género por el que os veáis inmediatamente atraídos?

     Gracias.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Solenoide. Mircea Cărtărescu


     "He cogido piojos otra vez. Ni siquiera me sorprende, ya no me asusta, ya no siento asco. Solo me pica."

     He leído hasta el momento todo lo que ha sido publicado de este escritor en nuestro idioma, incluído el único título que ha aparecido en una editorial diferente de Impedimenta, como es la primera parte de la trilogía de Orbitor, que espero ver también publicada al completo. Por eso no tardé nada en dirigirme a la librería y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Solenoide.

     Conocemos al narrador, alter ego hasta cierto punto del propio autor, un maestro de una escuela gris en Bucarest en los años 80. Este hombre se lanza a la literatura con un debut literario en un cenáculo y resulta un estrepitoso fracaso. Desolado, regresa y decide abandonar la literatura, pero adentrarse en la escritura de unos diarios cuyo único lector será él, donde nadie más importe.

     He visto varias opiniones encontradas sobre este libro que parecen empeñarse en coincidir solo en el punto de clasificarlo como complicado. Y no tengo claro del todo que lo sea. Lo que sí sé, es que no es para todos los lectores. Principalmente porque, una vez, comenzado, es necesario y a la vez irremediable, leerlo hasta el final. En caso de interrumpir su lectura, no nos habrá servido de nada lo leído, quizás ni siquiera podamos formar una opinión con una suerte de resumen si alguien nos pregunta de qué trata el libro. Y no es el único libro de Cărtărescu en el que sucede esto. Es, al igual que otros muchos temas recurrentes e incluso algún personaje, algo habitual en su obra. Solo que en este título que abarca más de 800 páginas, se acentúa. De hecho todo parece acentuarse en Solenoide, cada momento, cada duda, cada descripción que nos da el autor, parece desarrollarse de forma única para envolver al lector, como si el propio autor dedicase todas esas páginas a encontrar el tema y el momento adecuados en que digamos, cada uno de nosotros, "esto... esto lo ha escritor para mi".
     Había leído que en Solenoide había una casa que tenía forma de barco y me pregunté si de algún modo se levantaba cual Castillo ambulante, y también leí algo de un sillón de un dentista y unos mandos... y sí, Solenoide tiene todo eso, pero no es lo importante. Es una novela que se desarrolla finalmente en dos fases, la diurna del profesor cuyos mejores momentos serán los tiempos en los que no tenga piojos, y la nocturna, más sensorial e infinitamente más creativa. Solo de este modo escapa de la realidad y realiza un viaje introspectivo casi mesiánico y que, bajo mi punto de vista, está marcado por la tragedia.

     Me voy dando cuenta, a medida que escribo, de la dificultad  para desarrollar de forma coherente este libro. Quizás mejor quedarse con el día, la infancia y ese Bucarest que retrata y me hace pensar en lo que los americanos llaman el viejo continente, con un tono gris y un punto de decadencia casi romántica, con esa suerte de miseria emocional que salvo en contadas excepciones como Las bellas extranjeras, marca la obra de Cărtărescu. Esa parte romántica que me evitará hablar de posmodernismo y etiquetar lo inclasificable: y es que, lo realmente inclasificable es describir la sensación de haber tenido entre manos una gran obra una vez que se ha cerrado. Sentir el vacío y pensar: qué libro puedo coger que siga la senda de este, porque si las comparaciones son odiosas, este nivel va a ser difícil de mantener. Y dilatar esa elección. Porque es justo eso lo que sentí al terminar Solenoide. Aunque estoy segura de que no es la mejor elección para tomar contacto con el autor, posiblemente yo empezaría por Nostalgia, el resto del camino... se hará solo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Alias Grace. Margaret Atwood


     Este fin de semana me tropecé en Netflix con una serie basada en este título que lleva el mismo nombre. Me puse a verla y no pude evitar buscar la novela original. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alias Grace.

    Grace es una chica de dieciséis años huérfana que ha llegado a Canadá para trabajar sirviendo. Ahora está condenada por asesinato. Recibe diariamente la visita del doctor Simon, quien intentará desentrañar lo sucedido y, con un poco de suerte y tal y como esperan un grupo de liberales, ayudar a que sea declarada inocente.

     Comenzaba hablando de la serie que me llamó la atención y me recordó a un libro leído hace un par de años aproximadamente y titulado "Sitos funerarios". Investigando un poco, esta historia era anterior y no me iba a quedar con las ganas de leerla, máxime cuando me había gustado la miniserie tanto. Y tengo que decir, que no se parece tanto y que tiene que ser una labor casi imposible contar todo lo que Atwood dice en un libro. No solo eso, sino que es, además, una escritora camaleónica capaz de sorprendernos con cada lectura, al menos a mi.
     En esta ocasión utiliza dos voces, dos casas, dos situaciones, dos vidas, que no pueden ser más diferentes. El doctor, acomodado, con una madre terrible que se cierne permanentemente sobre él y Grace, una joven sin madre que, lejos de darnos pena, nos intriga por esa aparente incapacidad para mostrar sentimientos o empatía. De hecho, los mejores momentos de la novela son aquellos en los que Grace toma la palabra y observamos como mide cada cosa que va relatando, cada palabra, cada frase, hasta dónde llegar. Ella afirma no recordar nada de los asesinatos y su historia comienza realmente cuando comparte vida con la joven Mary y cómo le marca lo que le sucede. Su vida no es fácil, y termina en otro lugar, otra casa. Nadie esperaría que seis meses después, dos personas de esa casa estarían muertas, dice. Y al lector se le ponen los pelos de punta mientras comienza a plantearse realmente si ella es culpable, si tanta frialdad no esconderá una incapacidad para sentir amor o compasión. Y el doctor sigue escuchando la historia, buscando la manera de desenterrar los recuerdos de aquél día. Y Mary sigue cosiendo. Porquemi8entras habla, no deja de coser una colcha. De hecho cada capítulo comienza con el cuadro que Mary cose en ese momento, y aquí he echado en falta ver esos cuadros y una pequeña explicación, ya que el patchwork se basa en las historias que se cuentan en cada cuadrante. No descuida tampoco mostrarnos el ambiente de época, marcando diferencias entre los sexos, las clases sociales y los prejuicios y las desigualdades incluidas excéntricas aficiones como el espiritismo en algunas personas de clases altas, aburridas.
     Atwood parte de un suceso real para inspirarse en la novela, y quizás por eso opta por darle al lector una visión completa de lo sucedido mostrando noticias, cartas y opiniones de distintas voces. De este modo poco a poco vamos formándonos la nuestra propia, esperando llegar a un final que nos de una gran explicación. Y ahí, y pese a que no soy partidaria de las novelas con finales demasiado abiertos, Atwood opta por cerrar la acción de una forma un tanto precipitada tras una novela de ritmo calmado y constante. Y no lo hace, apostaría, por tener prisa, sino por dejar un cierto aroma de duda en el aire que se mantiene dentro del lector durante un rato. Nos preguntamos, ¿quién es Grace? Y eso, justamente eso, es lo que convierte a esta novela en una magnífica opción.

     Alias Grace es un libro duro sobre una vida dura, con algún momento para el humor y ningún hueco para la compasión. Introspectivo, magnífico.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Volvemos el lunes.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Rueda de prensa Joyce Carol Oates

Joyce Carol Oates acompañada por Juan Bas y María Fasce

     El mismo día que se entregaba el Premio Nobel de Literatura, algunos teníamos el privilegio de asistir a una rueda de prensa con Joyce Carol Oates con motivo de su premio en el festival Ja! de Bilbao. Un año más se le resistía a esta imponente mujer el premio, que iba a parar a manos de Kazuo Ishiguro, para tranquilidad de todos aquellos que seguían estupefactos al premiado Bob Dylan.
Este año se celebraba la VIII edición del Festival Ja! Bilbao, o Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor, y ella era la galardonada. Puede parecer cuanto menos chocante ver unido el humor a las letras de Oates, sin embargo, y como puede apreciar cualquier persona que siga este festival, no se basa en literatura cómica, ni siquiera la denominada feeling good. De hecho, los propios organizadores argumentaban su decisión en "el humor negro y moderno (como el del gato Chesire) que se puede apreciar si uno se para detenidamente a leer casi cualquiera de las obras de esta mujer". Además se daba el caso de que otra homenajeada, en este caso por el centenario, era Gloria Fuertes, y en ambos casos se trataba de mujeres, rebeldes, fuertes.

     Ver entrar a Oates, impresiona. Tanto por su severo atuendo, como por su porte elegante uno tiene la sensación de que pise unos centímetros por encima del simple suelo mortal. Y quizás por eso el silencio es sepulcral en la sala mientras Juan Bas se encarga de las presentaciones, tanto de esta mujer, como del festival. Toma la palabra después María Fasce para comentar un poco la obra de Oates, conocida por todos en calidad y extensión y acabar centrándose en su última novela "Un libro de mártires americanos", una novela que se abre con un asesinato y que trata de la vida y la muerte, del aborto, las creencias, la pena capital, las familias y los estigmas. Un novelón, si me permitís la opinión.

     Apenas comienza el turno de preguntas aparece la palabra mágica, "Nobel" y ella no duda un instante en afirmar "Que me nominen ya es un honor. Lo cierto es que no pienso demasiado en los premios." Centrándonos ya en el que iba a recibir en unas horas se mostró encantada, y confesó que se sintió "Sorprendida al enterarme. Además que apareciera Alicia en el país de las maravillas fue toda una alegría ya que es de mis libros favoritos. Cuando lo leí supe que quería ser como Lewis Carroll" añadió con una sonrisa y señalando con la cabeza el cartel del festival y añadiendo "Ha llegado en un momento muy oportuno ya que ahora, con Trump como presidente, parece que Estados Unidos se ha instalado en el absurdo." En cuanto a su novela, afirmó que "no se basa en hechos reales, sin embargo algunos pueden encontrar su punto de partida en el asesinato hace algunos años de un médico abortista llamado David Gunn por parte de Griffin, que fue encontrado culpable de asesinato." Para Oates, "lo que no es tragedia, pertenece a la comedia y mi última novela se nutre de ambas" señalando así ese humor sutil que se acerca casi a la sátira. Destacó además la capacidad para "tomarse a broma el horror" siguiendo la estela de Kafka como una opción para sobrevivir.

     El asesino de su libro es un fanático y es que la misma autora reconoce que "el fanatismo en sí mismo es interesante para un escritor. Él oye voces y para él es Dios y su voluntad lo que recibe." Y mata por evitar el aborto y salvar la vida del feto y también de su madre, que estaría perdida en caso de abortar. Cuando se le pregunta a Oates su postura, dice que tal y como ella lo ve, "el aborto no es un problema hasta que lo convirtieron en ello manipulando los sentimientos de la gente." Llegado este punto entra el espinoso tema de la religión. Oates no es una mujer que se ande con rodeos y afirma que "las religiones pueden ser estructuras de poder que manipulan a algunos creyentes. Los líderes sacan provecho del fanatismo" y pone como ejemplo al islamismo, en el que no se suicidan los líderes, sino que utilizan a jóvenes. En Un libro de mártires americanos aparece el Ejército de Dios que, como bien puntualiza Oates, "existe todavía". El otro lado de su novela es la víctima, Gus, que "no eligió morir pero que también tiene algo de revolucionario, de esos que abandonan a sus familias por la causa. Eligen entre la causa y su vida, así es Gus. Tenía que ser así para que hubiera historia".
     A una mujer tan prolífica como ella era inevitable preguntarle si estaba escribiendo y la respuesta fue, como no podía ser de otro modo, afirmativa, añadiendo que "será una novela corta sobre un mundo distópico". Con esta repuesta el nombre de Trump no tardó en salir, y en si la novela trataría sobre él o lo borraría del mapa. "Trump no sirve como personaje en una novela realista porque es tan ridículo, que la gente diría que no puede ser así. Además ya se ha escrito una novela sobre este tipo de personajes como es El otoño del patriarca, no se puede hacer más ni mejor." no dudó tampoco en poner de manifiesto su preocupación por la situación actual de su país: "Hay dos Américas, y son muy diferentes la una de la otra. En este momento ha ganado la extrema derecha, pero creo que es temporal y espero que no cause daños irreparables. En mi novela, que escribí antes de Trump, el pulso es entre las fuerzas del pasado y las del laicismo". Y eso que Oates, profesora de Princeton, no quiso terminar la rueda de prensa sin dejar clara su fe "en las nuevas generaciones "los jóvenes no fueron los que eligieron a Trump. La mayor parte de los votos,  provienen de gente de interior, de franja, con una mente más cerrada y nacionalista" una visión que no dudó en calificar como "ciega".

     Tengo que agradecer a la editorial la oportunidad de acudir a la rueda de prensa y también, como no, a todos los que os pasáis por aquí. Comentéis o no.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El coloso de Nueva York. Colson Whitehead


     "Yo estoy aquí porque nací aquí y en consecuencia no sirvo para ningún otro sitio, pero tú no sé. Quizá también seas de aquí y antes o después descubriremos que vivíamos a una manzana de distancia y ni siquiera lo sabíamos. O quizá te mudaste hace un par de años por cuestiones de trabajo. Quizá estudiabas aquí. Quizá viste el panfleto. La ciudad ha dedicado una cantidad considerable de tiempo y de dinero en prepararlo, con todo el conjunto de películas, programas televisivos y canciones... la idea esa de que «Aquí puedes conseguirlo». La ciudad también ha dedicado muchos esfuerzos para que tu población natal parezca de lo más sosa y pequeña, solo por si acaso alguna vez te preguntaras por qué a veces resulta una lata regresar a ella."

     Tras leer El ferrocarril subterráneo y Zona Uno, tengo bastante claro que Whitehead me gusta. Tanto es así que apenas he tardado en sumergirme en las páginas del último de sus libros que nos llega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El coloso de Nueva York.

     Conocemos Nueva York. En este libro dividido en trece partes que se presentan como trece instantáneas al comienzo de cada capítulo y que se desarrollan en las distintas partes de esta gran ciudad, iremos tomando el pulso de la famosa urbe.

     Escribir sobre Nueva York es complicado. Poco queda que decir sobre esta gran ciudad que no haya sido ya escrito, filmado o cantado. Y sin embargo siguen saliendo libros ambientados en ella o que, como el que hoy traigo al blog, se basan únicamente en las calles de esta gran ciudad. Colson Whitehead decide en este libro contar la parte por el todo y a través de capítulos que hablan de la llegada, Central Park, el JFK, el metro, la lluvia y varios lugares emblemáticos, hace unas pequeñas radiografías narradas por una suerte de dios obsvervador que bien podría ser la conciencia de la propia ciudad protagonista. Para ellos la reflexión en primera persona se torna en un diálogo en segunda para avisar al lector de los sentimientos que le despertará la ciudad, llegando a la tercera persona que hablará de helados, viajes y maletas relatando las pequeñas vidas que, terminamos pensando, dan vida a Nueva York, enorme y magnífica, protagonista absoluta y viva de este libro. Su narrador habla o escucha a ciudadanos y turistas, a veces simplemente mira, y, lejos de perdernos, nos sentimos como si alguien particularmente entusiasmado nos estuviera describiendo sensaciones de viva voz.
     Ya en el comienzo, ese que abre esta entrada en el que Whitehead se dirige al lector y le advierte casi de cómo es la ciudad desde los ojos de un nativo que la ve cambiar, notamos la vehemencia que será una constante a lo largo de todos los capítulos. Además, al finalizar con una despedida, no conseguimos despegarnos la sensación de estar ante un viaje turístico a las entrañas de la ciudad. Me ha recordado en algunos momentos a aquel libro que escribiera en el verano de 1948 E. B. White, por lo demás conocido por dar vida a un ratón llamado Stuart Little, aunque quizás en el suyo White destilara más fascinación y ruidos y menos nostalgia y solemnidad de la que se percibe en el título de Whitehead (y ahora que escribo esto me doy cuenta de la similitud de sus apellidos). Y así, si Whitehead comienza afirmando soy de aquí y no puedo ser de otro sitio, White decía Nueva York debe de ejercer un atractivo irresistible sobre la imaginación de cualquier soñador perturbado que desee desatar la tormenta. Y con esta frase regreso a la reflexión con la que comenzaba esta reseña y me pregunto qué tiene la ciudad de Nueva York para fascinar y seguir fascinando a tantas personas cada día. Tal vez, solo tal vez, leyendo el libro de Colson Whitehead, uno llega a comprender lo que se siente al pisar sus calles y comprende, al fin, que el coloso al que se refiere el título es la propia ciudad, capaz de sobresalir por encima del mapa haciendo sobra al resto de urbes.

     Me gusta Colson Whitehead y me gusta viajar en mis lecturas. En El coloso de Nueva York nos tropezamos con un magnífico personaje construido a través de instantáneas y sentimientos anónimos que son, al final, la sangre que circula por las venas de esta ciudad viva.

     Y si Whitehead ha sido de mis últimos escritores descubiertos, ¿me podéis decir alguno de los vuestros? No es por ser cotilla, es por... apuntar sus nombres y acercarme a sus letras.

     Gracias..