viernes, 17 de noviembre de 2017

Pequeña flor. Iosi Havilio


     "Esta historia comienza cuando yo era otro."

     Los lectores somos unas personas tan peculiares que podemos decir mil veces que no está bien juzgar un libro por su portada y luego comprar otro justo por ese motivo. Y además, no tener remordimiento alguno por hacerlo. Es más, yo hice esta misma semana con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Pequeña flor.
 
     Conocemos a José, un hombre que descubre en las primeras líneas que ha perdido su trabajo. Le toca entonces quedarse en casa, cuidar de su hija Antonia y realizar labores domésticas. Laura, su esposa, será quien trabaje, le va bien, los roles cambian. Sin embargo, José tras un serio percance con un vecino hará un terrible descubrimiento.

     Hoy estamos ante un libro personal e inclasificable, casi experimental en sus formas y también en el fondo del que, en cambio, es difícil no hablar. Iosi Havilio nos regala esta suerte de novela, y digo "suerte" porque a mi me ha parecido más un relato y también porque, jugando con el significado y uso de esa palabra, ha sido una suerte que se cruzara en mi camino. A fin de cuentas, la suerte es importante en la vida de cualquiera.
      Havilio escribe su historia como si la estuviera contando su protagonista de forma atropellada, en un solo párrafo sin puntos y a parte, divisiones en capítulos, ni cualquier otro recurso que se os pueda ocurrir que permita al lector hacer un parón. Sensación que, además, no duda en acrecentar utilizando expresiones como árbol de proporciones, sin decirnos cuales pero sabiendo que al lector no le hace falta ese dato para tener claro el tamaño del árbol. De hecho, el libro está salpicado de esta suerte de incoherencia buscada que aporta a la novela un tono muy especial, pero que no dificulta su lectura como tampoco lo hace que acuda en algunos momentos a los recuerdos sin romper ese enorme párrafo que lo constituye. Y sin que se le haga pesado, lo cual tiene muchísimo más mérito.

     Pensaréis ahora que lo experimental del libro es la parte formal, pero no se trata solo de eso, también tiene mucho de ello una trama que baila entre memorias, casi confesiones, costumbrismo, relato fantástico o incluso negro. Encontraremos música, jazz, y mucha literatura que parece ser un buen refugio particularmente si se trata de Tolstoi, también hay engaños y crisis matrimoniales, y descubrimientos infantiles y grandes sorpresas, al menos, para mi, que llegan a su punto más alto en un final sorprendente que puede resultar incluso cruel según la interpretación que se le de a la novela. A medida que voy explicando me doy cuenta de mis omisiones conscientes, como la muerte de alguien importante en el libro, el vecino, algo que hay que contar porque es vital en esta historia, y de otras no tan conscientes que solo he tocado de pasada como es el matrimonio entre José y su mujer y el desgaste y apatía por el que pasan. Y es que Havilio, toca muchos temas por los que va pasando su historia de una forma más o menos encadenada. Por eso parece casi una confesión y por eso resulta tan complicado interrumpir su lectura, por lo cambiante, la metamorfosis constante que hace que comencemos temiendo estar ante una historia triste de un hombre sin trabajo y finalicemos casi boquiabiertos sin saber cuánto de fantástico tiene lo leído.

     Pequeña flor no es un libro para cualquiera y, por mucho que haya visto a gente decir lo contrario, tampoco es para ser leído del tirón. Es una de esas rarezas que uno disfruta poco a poco para darse cuenta de cada una de sus peculiaridades. Y también es, por si alguien no lo sabe, una bella canción


     Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro por su cubierta?

     Gracias.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift


     "Empecé a oir en torno a mí un ruido confuso, pero en la posición en que estaba no me era posible ver otra cosa más que el cielo. Al cabo de un instante sentí que algo vivo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando suavemente pecho arriba, se llegaba hasta casi mi barbilla. Al volver la vista hacia abajo lo más que puede, advertí que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba en su espalda....." 

     Otro recuerdo de mi infancia. Anda que no me vi veces versiones de ese gigante con pantalones azules que era Gulliver llegando a Liliput, donde lo ataban de dormido en una playa. Me encantaba la historia. Con el tiempo me decidí y así es como terminé leyendo Los viajes de Gulliver, que no Gulliver en Liliput, como yo lo conocía.

      Así empecé a leer dentro del libro, otro titulado Viajes a varias remotas Naciones del Mundo, y conocía su autor, Lemuel Gulliver, un cirujano amante del mar y las aventuras, que cambió su profesión por la de capitán de barco. Gulliver nos cuenta sus cuatro viajes, donde hay enanos, gigantes, caballos...Sí, caballos que hablan y están moralmente por encima de las personas en un lugar utópico que, incluso, nos señala en el mapa.

     Una vez más me sorprendí, no me pareció una novela juvenil. Luego he leído que hay muchas ediciones adaptadas que, supongo, serán como las películas que veía hace años. Pero el libro, con el texto completo, no es literatura para niños.
      Pese a estructurarse en cuatro partes, más la nota del ficticio editor al principio y la del propio Gulliver quejándose de la calidad de la edición al final, podemos apreciar como a medida que avanzamos, las historias que nos presenta son cada vez más fantásticas, imposibles de creer y con una crítica más feroz y muchísimo menos encubierta. Es un libro escrito por un hombre deseoso de expresar su crítica social, los vicios que condena y la degeneración a la que consideraba se iba acercando la humanidad.
      En cada uno de sus viajes Gulliver se encuentra en un mundo mejor que el suyo, con mejores conceptos, mejores formas de vivir y valores, y se ve obligado a defender su país y sus costumbres exagerando, a la vez que sabe que se encuentra en un lugar mejor. Incluso los animales son representados mejores que las personas en un mundo en el que, de la mentira, no existe ni el concepto. Pero él se empeña en alabar hasta ridiculizar sus costumbres, consiguiendo que nadie lo crea. La sociedad entera es objeto de su pluma afilada, la suya, la que le tocó vivir, pero también lo es la nuestra por extensión.
     No contento con eso, da una vuelta de tuerca Swift criticando también los libros de viajes, que considera siempre mienten, y para ello utiliza un libro de viajes en el que absolutamente todo es mentira. Y lo adorna con amplias descripciones en este libro de fábula escrito por un hombre al que declararon incapaz al final de sus días y que yo, y esto es opinión personal, tras leer su obra, considero totalmente cuerdo.

     Un clásico que os recomiendo descubráis por vosotros mismos si aún no lo habéis hecho, porque, ¿os acercáis alguna vez a este tipo de historias ya conocidas por todos pero pocas veces leídas de verdad?

     Gracias

martes, 14 de noviembre de 2017

Héroes de la frontera. Dave Eggers



     "Existe la felicidad orgullosa, felicidad nacida de realizar un buen trabajo a la luz del día, años de una labor que merece la pena, y después estar cansada, y contenta, y rodeada de familiares y amigos, bañada en satisfacción y lista para un merecido descanso: sueño o muerte, tanto da."

     Cada vez que pienso que un libro tiene pinta de road novel, allá voy. No puedo evitarlo, me atraen. Quizás porque para mi la experiencia de conducir durante viajes largos es una gran opción para ordenar mi mente, y eso hace que piense en novelas introspectivas. No lo sé. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Héroes de la frontera.

     Conocemos a Josie, una mujer en la cuarentena con dos hijos que ha perdido su consulta odontológica. Ella arrastra un sentimiento de culpa por un paciente al que animó a alistarse y también arrastra una vida de decepciones. Cuando la conocemos huye de Carl, su expareja que jamás se quiso casar con ella, pero ahora quiere hacerlo con otra, embarcándose junto a sus dos hijos en una autocaravana por las Carreteras de Alaska hasta la casa de su hermana Sam.

    Ya en las primeras páginas del libro nos damos cuenta de que la protagonista no va a ser una heroina ni tampoco todo lo contrario. Josie huye y lo hace de forma consciente. Arrastrando a sus hijos, con una bolsa con dinero y sin teléfono, sin importarle si empiezan las clases o si es normal lo que está haciendo. Y lo hace, a poder ser, con una copa o vaso de vino en la mano. Huye de una vida de insatisfacciones y no lo oculta: ¿Tienes la impresión de estar haciendo lo que debes?¿De aprovechar el tiempo como es debido? pregunta en un momento determinado Josie a su hermana , porque ella se lo ha preguntado a lo lago de su vida muchas veces, demasiadas, incluso en los supuestos momentos felices. Y ahora huye de todo por las carreteras de Alaska, ese lugar que ha idealizado y que descubre como una zona ahogada en la neblina de una docena de incendios forestales. También les esquiva en Alaska, como se esquivan los golpes de la vida. Y también habrá errores que la conduzcan a ellos. Y es que Eggers no tiene compasión con su protagonista. no será una madre coraje aunque sí que proteja a sus hijos. Josie ha convertido a su hijo mayor, Paul, en una suerte de ángel de la guarda de Ana, una niña que tras nacer prematura y superar dificultades, parece empeñada en lastimarse o lastimar al mundo con su presencia. Y ella les mira detrás de otra neblina la mayor parte del tiempo; la neblina del vino. Y si embargo no la veremos como una madre terrible, sino honesta, desordenada pero que intenta encontrar algo correcto que hacer con su vida y la de sus hijos. Una mujer perdida en una historia en la que los niños brillan por su realismo, apenas conscientes de lo que viven.

     Supongo que los héroes de la frontera en esta novela son todos y cada uno de los supervivientes que Eggers nos presenta, no solo los habitantes del Chateu rodante, pero lo son sobre todo ellos. Personas que van siendo empujadas por la vida a un estado de infelicidad aceptable y que un día deciden romper con todo sin más equipaje que un puñado de dinero que saben que se va a terminar y la esperanza de llegar a un lugar mejor en sus vidas, más que en la tierra. Y eso que Alaska también importa en el libro, porque no hubiera sido lo mismo contado en cualquier otro lugar. Alaska tiene algo de inhabitable, de zona de paso, de supervivencia en pequeños lugares. Allí todos los hombres son grandes y las mujeres duras, todos luchan y sonríen. Y quizás esa sea la verdadera menta de Josie, y ese sea el camino que nos invita a realizar el autor. Personalmente, he disfrutado de la ruta.

     Héroes de la frontera es una de esas novelas de vida que a ratos puede resultar incómoda o estresante y al capítulo siguiente es capaz de enamorarnos. Una historia en la que no hay buenos y malos, solo existen las personas.

     Y vosotros, ¿hay algún tipo de género por el que os veáis inmediatamente atraídos?

     Gracias.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Solenoide. Mircea Cărtărescu


     "He cogido piojos otra vez. Ni siquiera me sorprende, ya no me asusta, ya no siento asco. Solo me pica."

     He leído hasta el momento todo lo que ha sido publicado de este escritor en nuestro idioma, incluído el único título que ha aparecido en una editorial diferente de Impedimenta, como es la primera parte de la trilogía de Orbitor, que espero ver también publicada al completo. Por eso no tardé nada en dirigirme a la librería y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Solenoide.

     Conocemos al narrador, alter ego hasta cierto punto del propio autor, un maestro de una escuela gris en Bucarest en los años 80. Este hombre se lanza a la literatura con un debut literario en un cenáculo y resulta un estrepitoso fracaso. Desolado, regresa y decide abandonar la literatura, pero adentrarse en la escritura de unos diarios cuyo único lector será él, donde nadie más importe.

     He visto varias opiniones encontradas sobre este libro que parecen empeñarse en coincidir solo en el punto de clasificarlo como complicado. Y no tengo claro del todo que lo sea. Lo que sí sé, es que no es para todos los lectores. Principalmente porque, una vez, comenzado, es necesario y a la vez irremediable, leerlo hasta el final. En caso de interrumpir su lectura, no nos habrá servido de nada lo leído, quizás ni siquiera podamos formar una opinión con una suerte de resumen si alguien nos pregunta de qué trata el libro. Y no es el único libro de Cărtărescu en el que sucede esto. Es, al igual que otros muchos temas recurrentes e incluso algún personaje, algo habitual en su obra. Solo que en este título que abarca más de 800 páginas, se acentúa. De hecho todo parece acentuarse en Solenoide, cada momento, cada duda, cada descripción que nos da el autor, parece desarrollarse de forma única para envolver al lector, como si el propio autor dedicase todas esas páginas a encontrar el tema y el momento adecuados en que digamos, cada uno de nosotros, "esto... esto lo ha escritor para mi".
     Había leído que en Solenoide había una casa que tenía forma de barco y me pregunté si de algún modo se levantaba cual Castillo ambulante, y también leí algo de un sillón de un dentista y unos mandos... y sí, Solenoide tiene todo eso, pero no es lo importante. Es una novela que se desarrolla finalmente en dos fases, la diurna del profesor cuyos mejores momentos serán los tiempos en los que no tenga piojos, y la nocturna, más sensorial e infinitamente más creativa. Solo de este modo escapa de la realidad y realiza un viaje introspectivo casi mesiánico y que, bajo mi punto de vista, está marcado por la tragedia.

     Me voy dando cuenta, a medida que escribo, de la dificultad  para desarrollar de forma coherente este libro. Quizás mejor quedarse con el día, la infancia y ese Bucarest que retrata y me hace pensar en lo que los americanos llaman el viejo continente, con un tono gris y un punto de decadencia casi romántica, con esa suerte de miseria emocional que salvo en contadas excepciones como Las bellas extranjeras, marca la obra de Cărtărescu. Esa parte romántica que me evitará hablar de posmodernismo y etiquetar lo inclasificable: y es que, lo realmente inclasificable es describir la sensación de haber tenido entre manos una gran obra una vez que se ha cerrado. Sentir el vacío y pensar: qué libro puedo coger que siga la senda de este, porque si las comparaciones son odiosas, este nivel va a ser difícil de mantener. Y dilatar esa elección. Porque es justo eso lo que sentí al terminar Solenoide. Aunque estoy segura de que no es la mejor elección para tomar contacto con el autor, posiblemente yo empezaría por Nostalgia, el resto del camino... se hará solo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Alias Grace. Margaret Atwood


     Este fin de semana me tropecé en Netflix con una serie basada en este título que lleva el mismo nombre. Me puse a verla y no pude evitar buscar la novela original. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alias Grace.

    Grace es una chica de dieciséis años huérfana que ha llegado a Canadá para trabajar sirviendo. Ahora está condenada por asesinato. Recibe diariamente la visita del doctor Simon, quien intentará desentrañar lo sucedido y, con un poco de suerte y tal y como esperan un grupo de liberales, ayudar a que sea declarada inocente.

     Comenzaba hablando de la serie que me llamó la atención y me recordó a un libro leído hace un par de años aproximadamente y titulado "Sitos funerarios". Investigando un poco, esta historia era anterior y no me iba a quedar con las ganas de leerla, máxime cuando me había gustado la miniserie tanto. Y tengo que decir, que no se parece tanto y que tiene que ser una labor casi imposible contar todo lo que Atwood dice en un libro. No solo eso, sino que es, además, una escritora camaleónica capaz de sorprendernos con cada lectura, al menos a mi.
     En esta ocasión utiliza dos voces, dos casas, dos situaciones, dos vidas, que no pueden ser más diferentes. El doctor, acomodado, con una madre terrible que se cierne permanentemente sobre él y Grace, una joven sin madre que, lejos de darnos pena, nos intriga por esa aparente incapacidad para mostrar sentimientos o empatía. De hecho, los mejores momentos de la novela son aquellos en los que Grace toma la palabra y observamos como mide cada cosa que va relatando, cada palabra, cada frase, hasta dónde llegar. Ella afirma no recordar nada de los asesinatos y su historia comienza realmente cuando comparte vida con la joven Mary y cómo le marca lo que le sucede. Su vida no es fácil, y termina en otro lugar, otra casa. Nadie esperaría que seis meses después, dos personas de esa casa estarían muertas, dice. Y al lector se le ponen los pelos de punta mientras comienza a plantearse realmente si ella es culpable, si tanta frialdad no esconderá una incapacidad para sentir amor o compasión. Y el doctor sigue escuchando la historia, buscando la manera de desenterrar los recuerdos de aquél día. Y Mary sigue cosiendo. Porquemi8entras habla, no deja de coser una colcha. De hecho cada capítulo comienza con el cuadro que Mary cose en ese momento, y aquí he echado en falta ver esos cuadros y una pequeña explicación, ya que el patchwork se basa en las historias que se cuentan en cada cuadrante. No descuida tampoco mostrarnos el ambiente de época, marcando diferencias entre los sexos, las clases sociales y los prejuicios y las desigualdades incluidas excéntricas aficiones como el espiritismo en algunas personas de clases altas, aburridas.
     Atwood parte de un suceso real para inspirarse en la novela, y quizás por eso opta por darle al lector una visión completa de lo sucedido mostrando noticias, cartas y opiniones de distintas voces. De este modo poco a poco vamos formándonos la nuestra propia, esperando llegar a un final que nos de una gran explicación. Y ahí, y pese a que no soy partidaria de las novelas con finales demasiado abiertos, Atwood opta por cerrar la acción de una forma un tanto precipitada tras una novela de ritmo calmado y constante. Y no lo hace, apostaría, por tener prisa, sino por dejar un cierto aroma de duda en el aire que se mantiene dentro del lector durante un rato. Nos preguntamos, ¿quién es Grace? Y eso, justamente eso, es lo que convierte a esta novela en una magnífica opción.

     Alias Grace es un libro duro sobre una vida dura, con algún momento para el humor y ningún hueco para la compasión. Introspectivo, magnífico.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Volvemos el lunes.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Rueda de prensa Joyce Carol Oates

Joyce Carol Oates acompañada por Juan Bas y María Fasce

     El mismo día que se entregaba el Premio Nobel de Literatura, algunos teníamos el privilegio de asistir a una rueda de prensa con Joyce Carol Oates con motivo de su premio en el festival Ja! de Bilbao. Un año más se le resistía a esta imponente mujer el premio, que iba a parar a manos de Kazuo Ishiguro, para tranquilidad de todos aquellos que seguían estupefactos al premiado Bob Dylan.
Este año se celebraba la VIII edición del Festival Ja! Bilbao, o Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor, y ella era la galardonada. Puede parecer cuanto menos chocante ver unido el humor a las letras de Oates, sin embargo, y como puede apreciar cualquier persona que siga este festival, no se basa en literatura cómica, ni siquiera la denominada feeling good. De hecho, los propios organizadores argumentaban su decisión en "el humor negro y moderno (como el del gato Chesire) que se puede apreciar si uno se para detenidamente a leer casi cualquiera de las obras de esta mujer". Además se daba el caso de que otra homenajeada, en este caso por el centenario, era Gloria Fuertes, y en ambos casos se trataba de mujeres, rebeldes, fuertes.

     Ver entrar a Oates, impresiona. Tanto por su severo atuendo, como por su porte elegante uno tiene la sensación de que pise unos centímetros por encima del simple suelo mortal. Y quizás por eso el silencio es sepulcral en la sala mientras Juan Bas se encarga de las presentaciones, tanto de esta mujer, como del festival. Toma la palabra después María Fasce para comentar un poco la obra de Oates, conocida por todos en calidad y extensión y acabar centrándose en su última novela "Un libro de mártires americanos", una novela que se abre con un asesinato y que trata de la vida y la muerte, del aborto, las creencias, la pena capital, las familias y los estigmas. Un novelón, si me permitís la opinión.

     Apenas comienza el turno de preguntas aparece la palabra mágica, "Nobel" y ella no duda un instante en afirmar "Que me nominen ya es un honor. Lo cierto es que no pienso demasiado en los premios." Centrándonos ya en el que iba a recibir en unas horas se mostró encantada, y confesó que se sintió "Sorprendida al enterarme. Además que apareciera Alicia en el país de las maravillas fue toda una alegría ya que es de mis libros favoritos. Cuando lo leí supe que quería ser como Lewis Carroll" añadió con una sonrisa y señalando con la cabeza el cartel del festival y añadiendo "Ha llegado en un momento muy oportuno ya que ahora, con Trump como presidente, parece que Estados Unidos se ha instalado en el absurdo." En cuanto a su novela, afirmó que "no se basa en hechos reales, sin embargo algunos pueden encontrar su punto de partida en el asesinato hace algunos años de un médico abortista llamado David Gunn por parte de Griffin, que fue encontrado culpable de asesinato." Para Oates, "lo que no es tragedia, pertenece a la comedia y mi última novela se nutre de ambas" señalando así ese humor sutil que se acerca casi a la sátira. Destacó además la capacidad para "tomarse a broma el horror" siguiendo la estela de Kafka como una opción para sobrevivir.

     El asesino de su libro es un fanático y es que la misma autora reconoce que "el fanatismo en sí mismo es interesante para un escritor. Él oye voces y para él es Dios y su voluntad lo que recibe." Y mata por evitar el aborto y salvar la vida del feto y también de su madre, que estaría perdida en caso de abortar. Cuando se le pregunta a Oates su postura, dice que tal y como ella lo ve, "el aborto no es un problema hasta que lo convirtieron en ello manipulando los sentimientos de la gente." Llegado este punto entra el espinoso tema de la religión. Oates no es una mujer que se ande con rodeos y afirma que "las religiones pueden ser estructuras de poder que manipulan a algunos creyentes. Los líderes sacan provecho del fanatismo" y pone como ejemplo al islamismo, en el que no se suicidan los líderes, sino que utilizan a jóvenes. En Un libro de mártires americanos aparece el Ejército de Dios que, como bien puntualiza Oates, "existe todavía". El otro lado de su novela es la víctima, Gus, que "no eligió morir pero que también tiene algo de revolucionario, de esos que abandonan a sus familias por la causa. Eligen entre la causa y su vida, así es Gus. Tenía que ser así para que hubiera historia".
     A una mujer tan prolífica como ella era inevitable preguntarle si estaba escribiendo y la respuesta fue, como no podía ser de otro modo, afirmativa, añadiendo que "será una novela corta sobre un mundo distópico". Con esta repuesta el nombre de Trump no tardó en salir, y en si la novela trataría sobre él o lo borraría del mapa. "Trump no sirve como personaje en una novela realista porque es tan ridículo, que la gente diría que no puede ser así. Además ya se ha escrito una novela sobre este tipo de personajes como es El otoño del patriarca, no se puede hacer más ni mejor." no dudó tampoco en poner de manifiesto su preocupación por la situación actual de su país: "Hay dos Américas, y son muy diferentes la una de la otra. En este momento ha ganado la extrema derecha, pero creo que es temporal y espero que no cause daños irreparables. En mi novela, que escribí antes de Trump, el pulso es entre las fuerzas del pasado y las del laicismo". Y eso que Oates, profesora de Princeton, no quiso terminar la rueda de prensa sin dejar clara su fe "en las nuevas generaciones "los jóvenes no fueron los que eligieron a Trump. La mayor parte de los votos,  provienen de gente de interior, de franja, con una mente más cerrada y nacionalista" una visión que no dudó en calificar como "ciega".

     Tengo que agradecer a la editorial la oportunidad de acudir a la rueda de prensa y también, como no, a todos los que os pasáis por aquí. Comentéis o no.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El coloso de Nueva York. Colson Whitehead


     "Yo estoy aquí porque nací aquí y en consecuencia no sirvo para ningún otro sitio, pero tú no sé. Quizá también seas de aquí y antes o después descubriremos que vivíamos a una manzana de distancia y ni siquiera lo sabíamos. O quizá te mudaste hace un par de años por cuestiones de trabajo. Quizá estudiabas aquí. Quizá viste el panfleto. La ciudad ha dedicado una cantidad considerable de tiempo y de dinero en prepararlo, con todo el conjunto de películas, programas televisivos y canciones... la idea esa de que «Aquí puedes conseguirlo». La ciudad también ha dedicado muchos esfuerzos para que tu población natal parezca de lo más sosa y pequeña, solo por si acaso alguna vez te preguntaras por qué a veces resulta una lata regresar a ella."

     Tras leer El ferrocarril subterráneo y Zona Uno, tengo bastante claro que Whitehead me gusta. Tanto es así que apenas he tardado en sumergirme en las páginas del último de sus libros que nos llega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El coloso de Nueva York.

     Conocemos Nueva York. En este libro dividido en trece partes que se presentan como trece instantáneas al comienzo de cada capítulo y que se desarrollan en las distintas partes de esta gran ciudad, iremos tomando el pulso de la famosa urbe.

     Escribir sobre Nueva York es complicado. Poco queda que decir sobre esta gran ciudad que no haya sido ya escrito, filmado o cantado. Y sin embargo siguen saliendo libros ambientados en ella o que, como el que hoy traigo al blog, se basan únicamente en las calles de esta gran ciudad. Colson Whitehead decide en este libro contar la parte por el todo y a través de capítulos que hablan de la llegada, Central Park, el JFK, el metro, la lluvia y varios lugares emblemáticos, hace unas pequeñas radiografías narradas por una suerte de dios obsvervador que bien podría ser la conciencia de la propia ciudad protagonista. Para ellos la reflexión en primera persona se torna en un diálogo en segunda para avisar al lector de los sentimientos que le despertará la ciudad, llegando a la tercera persona que hablará de helados, viajes y maletas relatando las pequeñas vidas que, terminamos pensando, dan vida a Nueva York, enorme y magnífica, protagonista absoluta y viva de este libro. Su narrador habla o escucha a ciudadanos y turistas, a veces simplemente mira, y, lejos de perdernos, nos sentimos como si alguien particularmente entusiasmado nos estuviera describiendo sensaciones de viva voz.
     Ya en el comienzo, ese que abre esta entrada en el que Whitehead se dirige al lector y le advierte casi de cómo es la ciudad desde los ojos de un nativo que la ve cambiar, notamos la vehemencia que será una constante a lo largo de todos los capítulos. Además, al finalizar con una despedida, no conseguimos despegarnos la sensación de estar ante un viaje turístico a las entrañas de la ciudad. Me ha recordado en algunos momentos a aquel libro que escribiera en el verano de 1948 E. B. White, por lo demás conocido por dar vida a un ratón llamado Stuart Little, aunque quizás en el suyo White destilara más fascinación y ruidos y menos nostalgia y solemnidad de la que se percibe en el título de Whitehead (y ahora que escribo esto me doy cuenta de la similitud de sus apellidos). Y así, si Whitehead comienza afirmando soy de aquí y no puedo ser de otro sitio, White decía Nueva York debe de ejercer un atractivo irresistible sobre la imaginación de cualquier soñador perturbado que desee desatar la tormenta. Y con esta frase regreso a la reflexión con la que comenzaba esta reseña y me pregunto qué tiene la ciudad de Nueva York para fascinar y seguir fascinando a tantas personas cada día. Tal vez, solo tal vez, leyendo el libro de Colson Whitehead, uno llega a comprender lo que se siente al pisar sus calles y comprende, al fin, que el coloso al que se refiere el título es la propia ciudad, capaz de sobresalir por encima del mapa haciendo sobra al resto de urbes.

     Me gusta Colson Whitehead y me gusta viajar en mis lecturas. En El coloso de Nueva York nos tropezamos con un magnífico personaje construido a través de instantáneas y sentimientos anónimos que son, al final, la sangre que circula por las venas de esta ciudad viva.

     Y si Whitehead ha sido de mis últimos escritores descubiertos, ¿me podéis decir alguno de los vuestros? No es por ser cotilla, es por... apuntar sus nombres y acercarme a sus letras.

     Gracias..

martes, 31 de octubre de 2017

La canción de la llanura. Kent Haruf


     "Mamá, por favor.
      Eres una zorra.
      No soy una zorra, mamá. No me llames así.
      ¿Y cómo quieres que te llame? Ya te había avisado. Y ahora, mírate. Mírate bien. ¿Te había avisado o no?
      Me has avisado de muchas cosas, mamá.
      No te hagas la lista conmigo.
      Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas.
      Por favor, mamá. Necesito que me ayudes.
      ¿No crees que es un poco tarde para eso? Tú te has metido en esto sola, jovencita. Ahora tendrás que apañártelas por ti misma. Tu padre también me pedía ayuda cuando llegaba a casa por la mañana sintiendo lástima de sí mismo. Eres igual que tu padre.
      Por favor, mamá. Por mí, tú también puedes largarte. Igual que se largó él. Te crees muy lista, ¿verdad? ¿Pues sabes lo que te digo? Ya puedes ir buscándote otro sitio donde vivir.
      No lo dices en serio. ¿Verdad que no, mamá?
      Claro que lo digo en serio. ¿O es que te crees que no soy capaz de ponerte en la calle?"

      Nosotros en la noche fue una de mis mejores lecturas del pasado año, y tenía muchas ganas de encontrarme de nuevo con las letras de Kent Haruf. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La canción de la llanura.

     Estamos en Holt, en las llanuras de colorado a unas cuantas millas de Denver. No es el colorado de grandiosos paisajes, sino más bien una zona monótona en la que la llanura se extiende hasta donde llega la vista. Allí vive Tom Guthrie, un profesor de secundaria con una esposa depresiva que tiene que criar a sus hijos Ike y Bobby sin ayuda. Ike y Bobby van a la escuela, y reparten periódicos. E intentan buscar la orma de comprender lo que sucede en sus vidas mientras buscan el calor de una madre. Conocemos también a Victoria, una niña de dieciséis años que ve como su vida cambia radicalmente al quedarse embarazada y descubrir que su madre la echa de casa al recibir la noticia. También están los hermanos McPherson y su rancho y la señorita Maggie Jones, profesora del instituto que vive con su padre enfermo de Alzheimer.

     La canción de la llanura es la primera parte de la llamada Trilogía de la llanura aunque, una vez leído, bien puede tomarse como un libro autoconclusivo. En esta novela reconocemos el estilo aparentemente sencillo de Haruf a la hora de explicarse, incluso a sus personajes también parecen personas sencillas con vidas simples. Sin embargo, a medida que nos adentramos en la historia, nos daremos cuenta de como todos ellos se ven enfrentados a decisiones complicadas que afectaran al resto de sus vidas. Y es que, en un pueblo pequeño, con vidas pequeñas, lo lógico es que todas ellas terminen por cruzarse y entrelazar sus historias en algún momento. Así que, pese a que Haruf diferencia en el título a los personajes que desarrolla en cada capítulo, pronto somos conscientes de que será irremediable asistir a encuentros entre ellos. Podría ahora lanzarme a desarrollar cada uno de los citados personajes y hablar de cómo se siente ese profesor y si tiene o no algún alumno que le marque, o cómo superan esos niños tener una madre ausente. También podría decir la ternura que han llegado a despertarme los McPherson, incluso más que la chica embarazada, pero todo eso son sensaciones que uno va descubriendo a medida que pasa las páginas de la novela.

     Esta vez, y pese a situarnos en llanuras, estoy segura de que a nadie se le ocurrirá comparar a Haruf con escritores como McCarthy y es que su estilo y su fondo, poco o nada tienen que ver. Haruf no busca representar lucha en zonas áridas y hostiles, ni siquiera grandes peleas. Lo que hace en cambio es mostrar la vida y sentimientos de las personas que pueblan esas zonas. Y lo hace normalmente a través de tareas sencillas, como cobrar un periódico y comprobar si una vaca está preñada. Supongo que ahora os estaréis preguntando qué tiene de especial eso de la vaca preñada, y ahí radica la magia de las letras de Haruf: su capacidad para convertir ese tipo de tareas cotidianas, en estampas provistas de una honesta dignidad que representan la vida y carácter de una zona completa.
     Es posible que visto el argumento, muchos acudan a esta novela buscando grandes dramas. Sin embargo, el autor evita conscientemente escribir una novela dramática. Lo que hace es simplificar para que comprendamos que hay vidas sencillas que transcurren lentas mientras sus propietarios van abriendo sus corazones. Y es curioso como, con una única voz para tantas vidas, el lector cierra el libro con una sensación de satisfecha felicidad convencido de que, si Holt existiera en algún lugar perdido de las llanuras de colorado, la vida sería justo así.

     La canción de la llanura es un libro en apariencia sencillo que cuenta historias sencillas también en apariencia. La canción de la llanura es un libro magnífico que va calando lentamente en el lector sin que este se de cuenta. La canción de la llanura es una gran novela. Y Kent Haruf es, porque un escritor sigue vivo en su obra, un gran escritor.

     Y vosotros, ¿cuál fue vuestro mejor libro del pasado año?

     Gracias.

lunes, 30 de octubre de 2017

Eva. Arturo Pérez Reverte


     "No quiero que me maten esta noche, pensó Lorenzo Falcó.
     No de esta manera.
     Sin embargo, estaba a punto de ocurrir. Los pasos a su espalda resonaban cada vez más cercanos y rápidos. Sin duda tenían prisa por alcanzarlo. Había escuchado el grito del enlace al caer en la oscuridad, a su espalda, desde el mirador de Santa Luzia, y el golpe del cuerpo al estrellarse contra el suelo quince o veinte metros más abajo, en una callejuela oscura del barrio de Alfama. Y ahora ibana por él en busca del trabajo completo. De rematar la faena."

     Hay escritores cuyos libros son noticia en los medios, y es difícil resistirse a ellos, nos guste o no reconocerlo. Reverte es, además, un personaje mediático en sí mismo, a ratos polémico, que despierta filias y fobias a veces encontradas con la opinión de sus libros produciéndose el curioso efecto de contar con lectores a los que no gusta el tuitero o justo lo contrario. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda entrega de la serie protagonizada por Falcó. Se trata de Eva.

     Recuperamos a Falcó en plena reyerta, y viajamos con él a Tánger para su último encargo. Estamos en 1937 y allí se encuentra en puerto una parte del oro de Moscú. La misión de Falcó pasa por lograr que el capitan del barco cambie de mando, pero no cuenta con reencontrarse con Eva.

     Cuando hace ahora un año aproximadamente cayó en mis manos Falcó, me encontré con una novela entretenida, cargada de clichés y un personaje que pretendía ser más Joaquín Sabina en sus canciones, que James Bond en sus películas. Es cierto que jugaba en un filo difícil, el de no caer simpático pero conseguir un mínimo de socarrona complicidad del lector, y salía, a mi modo de ver, más o menos airoso de la situación.
     En esta ocasión y rescatando un personaje de la primera entrega, Reverte titula a la novela Eva, dando a entender un protagonismo femenino a lo largo de la trama. Y como, sinceramente, las novelas de espías no abundan, nos lanzamos a ella de cabeza apenas llegó a las librerías.
     Eva es, en contra de lo que puede parecer por el título, un libro lleno de gracietas masculinas. Pero de esas de barra de bar y copa de coñac sin marca, en la que Reverte desarrolla a su protagonista como un engreído machito engominado que repelería a cualquier mujer con un mínimo de criterio. Y, sin embargo, en su novela, ambientada en ese mundo en el que todo son hembras de bandera que arañan y pegan porque eso es la pasión, además de follar (sí, follar), todas parecen querer ir detrás de este hombre que mide todo en base al beneficio que le reporta. Decía el autor en una entrevista hace tiempo, que era difícil conseguir empatía por un personaje que trabaja para Franco, y sinceramente, y políticas a un lado, creo que ese es el menor de sus problemas. Falcó, nos desarrolla el autor, es un jerezano que no se ata a nadie, salvo tal vez a estar entre las piernas de la siguiente mujer que le pase por delante y a la que dejará marcada, ya sea criada de hotel, aristócrata casada o espía rusa. Y lo hará seguramente sin quitar esa mueca de desdén con su media sonrisa indiferente que, seguramente, piensa el autor que es lo que le hace irresistible... y es que su protagonista, más que de otra época, parece apolillado pasando en muchas escenas de la chulería impostada que busca su autor, a la vulgaridad. No ayuda tampoco el narrador mimetizado que carga todo de marcas, hembras, y adjetivos exagerados consiguiendo que el lector piense más en novela por entregas de quiosco de antaño, que en esas primeras novelas de espías convertidas hoy en clásicos.

     De la trama destaco a los capitanes de barcos, herederos únicos del buen hacer de Reverte a la hora de crear personajes y que consiguen, en momentos fugaces, que recordemos que leímos a aquel que nos hizo disfrutar con Alatriste y su personal sentido del honor y sus valores (aún estoy esperando descubrir los de Falcó). Y si las pasiones de los bajos del protagonista llegan a resultar aburridas, ya que parecen batallitas de bar, no lo es menos la relación que llega a mantener con Eva, en la que si del amor al odio hay un paso, parecen estos ser capaces de bailar un tango. Y siempre, con ese toque de pretendido canalla también ella, que termina cansando al lector harto de ver una representación con personajes de cartón piedra.

     Al final, y como algo positivo tiene que tener viniendo de un escritor con el oficio de Reverte, la novela se lee en un suspiro y resulta entretenida siempre que uno no se pare a pensar en el contenido, y se deje llevar por las aventuras de este personaje al que, a buen seguro, hubieran apodado "el Canalla" para gusto del propio Lorenzo Falcó.

     La pregunta del millón es, ¿seguiré leyendo esta saga? Pues sí, porque buenos o malos, me agraden o no me agraden, lo que busco en los libros es que no me dejen indiferente y aquí, he hablado de mi percepción de su protagonista más allá de la historia que, como producto, funciona. Y es que, como oí una vez hace tiempo a un escritor que admiro: "hay libros y hay productos con formato de libro".

     Y vosotros, ¿recordáis a protagonistas que os resultaran desagradables?

     Gracias.

   

jueves, 26 de octubre de 2017

El buen soldado. Ford Madox Ford



    "Todos tenemos mucho miedo, todos estamos solos, todos estamos muy necesitados de alguna confirmación exterior de que merecemos salir."

     Si es cierto que un libro lleva a otro, yo conocí este en El poder de las tinieblas, de Connolly. Al investigar un poco, descubrí que estaba ahí porque es de los favoritos del autor e, investigando un poco más, vi que estaba catalogado como uno de los mejores libros escritos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El buen soldado.

     John Dowell forma parte de un grupo de dos parejas y nos va a relatar una historia. Tanto él como su esposa Florence, mantuvieron una amistad a lo largo de nueve años, con la pareja formada por Edward y Leonora. A partir de ahí, nos relata la manera en que se deshacen los matrimonios y la naturaleza de sus integrantes.

     Inicialmente, la historia es sencilla: un matrimonio estadounidense y otro inglés, se encuentran regularmente en un balneario alemán durante varios años. Dos de ellos mantienen una aventura con dramáticas consecuencias y un tercero lo conoce pero el otro, no. El desconocedor es el narrador y, una vez descubierto el pastel que el propio narrador hubiera preferido no saber, va retrocediendo en el tiempo de forma un tanto desordenada cronológicamente, pero perfecta para que podamos conocer a la perfección a cada uno de los personajes. Y, por mucho que nos esté relatando una historia en la que él bien podría ser un mero observador, con un toque de ironía, eso sí, cuando cerramos el libro descubrimos que es un personaje que se va grabando a fuego en la retina del lector. Su ceguera, su reticencia, su poca fiabilidad y su reiterada forma de decir el bueno de Edward, convierten esta novela en algo casi excepcional.
Dowell comienza con una frase ya famosa a contar su historia: Esta es la historia más triste que jamás he oído dice. De hecho, La historia más triste fue el primer título elegido por Ford Madox para esta novela, y pese a que el comienzo del libro nos pueda llevar a pensar que estamos efectivamente ante un dramón, descubrimos el verdadero significado de esa frase, justo al terminar.

     No cabe duda de la crítica que Madox deja hacia las clases bien en esta obra, casi podría decirse que no deja títere con cabeza, descubriendo la hipocresía y la manipulación como algo casi cotidiano para muchas personas. Sin embargo, será la ingenuidad del narrador la que en algunas ocasiones nos llame más la atención, como si él pudiera reflejar a todas las personas que viven sin pasiones, ciegas a su entorno. Incluso al más cercano. En cuanto a los personajes, todos ellos son radiografiados delante del lector, expuestos sus secretos que irán desde Edward el "sentimental" que necesita sentir y sufrir pasando por el car´cter de su esposa. Sin embargo, a medida que vamos retrocediendo, nuestro pensamiento cambia respecto a los personajes. Salvo tal vez Dowell, y ni aún así nos termina de caer bien ya que es presentado como un hombre sin atributos, pacato.

     Puede parecer contada así que la novela es un tanto insulsa y nada más lejos de la realidad, es un continuo girar y descubrir a quien no quiere ser descubierto, un tratado de deslealtades e infidelidades que se mantienen bajo unas fachadas que se resquebrajan y que unirán en más de una forma a estas dos parejas a la vez que las condenan. Una novela de la que, si bien yo no diría que es la mejor que se ha escrito, si que me ha gustado. sobre todo recoger algunos detalles que nos deja como perlas en forma de frases cortas, que luego comprendemos al descubrir a lo largo de las páginas la evolución de la historia. De hecho, esconde paradojas magníficas entre sus letras. Y ahora, seguramente, os preguntaréis quién es el buen soldado: bien, esa parte en sentido literal os resultará sencilla. En un sentido más figurado, os dejaré descubrirlo a vosotros mismos.

     El buen soldado es una novela sobre el deterioro y la mentira, sobre posiciones que se agrietan dejando al descubierto naturalezas escrita de una forma impecable y cuidada. Os lo recomiendo.

     Reconozco que a veces me cuesta encontrar la relación entre el título de un libro, y su trama. Y a vosotros, ¿también os pasa?

     Gracias

martes, 24 de octubre de 2017

Origen. Dan Brown


     "A medida que el viejo funicular ascendía lentamente la pendiente vertiginosa, Edmond Kirsch contemplaba la irregular cumbre de la montaña. A lo lejos, construido en la pared de un acantilado escarpado, el enorme monasterio parecía colgar en el aire como si estuviera soldado al precipicio por arte de magia. 
     Este atemporal santuario de Cataluña había soportado el implacable tirón de la gravedad durante más de cuatro siglos sin faltar nunca a su propósito original: aislar a sus ocupantes del mundo moderno. 
      «Irónicamente, ahora serán los primeros en conocer la verdad», pensó Kirsch, preguntándose cómo reaccionarían."

     Siempre he sido una persona curiosa. Además, considero que los libros son, entre otras cosas, para entretener, así que si Dan Brown saca un libro y medio mundo parece salir corriendo a buscarlo, por algo será.Y es que, yo supongo que todo escritor quieres ser García Márquez con las ventas de Dan Brown a la semana de haber publicado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Origen.

     El genio Edmond Kirsch dará una charla en el Guggenheim que promete desvelar el secreto de la vida dando al traste con cualquier tipo de religión. Tiene para ello una presentación de Power Point, pero morirá de un disparo antes de poder desvelar su gran secreto. Langdon buscará la contraseña para poder abrir ese archivo y dar el conocimiento al mundo, lo que le embarcará en una aventura acompañado de la directora del museo y el asistente IA de Kirsch.

     Origen es la quinta entrega protagonizada por Robert Langdon, un profesor de Harvard, experto en simbología, al que creo no recordar dando una sola clase porque recorre el mundo cual Indiana Jones descubriendo misterios. Además, y como característica básica de la saga Langdon, el mundo de Dan Brown es ficticio y eso, en el caso de esta novela ambientada en España, es algo que el lector no puede olvidar (exactamente igual que no puede olvidar que hay una suerte de reseteo al final de cada novela o Langdon jamás volvería a embarcarse en otra aventura).

     Estamos ante una novela de fórmula, es decir, Brown descubrió que su primer libro funcionaba, y ha decidido repetir cambiando la trama y manteniendo algunas señas características en la saga. De este modo Langdon es inteligente, claustrofóbico, con memoria eiedética, piensa en cursiva para que lo sepamos y sí, sigue con su reloj de dibujos animados. Y en este caso, está en nuestro país. Y aquí comienzan los problemas si uno no tiene la mente abierta. Muy, muy abierta. La representación que hace de España es, cuanto menos, irreal, y uno termina preguntándose si merece la pena que use este país para representarlo con ideas tan anticuadas y una monarquía con un príncipe llamado Julián tan peculiar. De hecho, reto a cualquiera a imaginar la pedida de mano que Brown plantea. Además, y rizando el rizo, la ayudante decorativa que Langdon consigue en esta ocasión y a la que llamaremos por el nombre de pila, Ambra, es nada menos que la directora del museo/prometida del príncipe. ¡Ahí es nada, Dan Brown! El trío lo finaliza esa suerte de Siri que nos presenta como ayudante del difunto genio asesinado. Y sin embargo, no contento con esto, a mi lo que me ha resultado más pintoresco es A. Y no digo más porque de verdad, forma parte de la diversión descubrir por vosotros mismos a este personaje.
     Por lo demás la novela viene a ser Langdon buscando desesperadamente una contraseña, que de verdad, si los wifis de las casas tuvieran contraseñas tan complicadas nadie nos piratearía internet, y la ciencia iluminando lo que la religión oculta. Y es que no hay novela de Brown en la que la religión no sea oscura, secreta y, casi casi, terrible. En cuanto a las localizaciones, y sustos a parte que alguno me he llevado, quitando el museo de Bilbao, me han parecido más bien anecdóticas, casi apuntes para una futura localización de escenarios más que de escenas. Y lo mismo podría decir de las subtramas que, lejos de interesarme, me han parecido supérfluas y con poco interés. En realidad, alguna no tenía demasiada relación con la historia y, la verdad, tampoco la hubiera echado de menos en caso de haber "adelgazado" al libro. Dicho esto y con una resolución que, si eres avispadillo, te hueles, lo que no le perdono a la novela es que me he aburrido. no esperaba frases para enmarcar, pero sí un mínimo de acción, unos cuantos puzzles y mucha intriga, y no lo he encontrado. Supongo que, ya que ahora lo leemos imaginando a Tom Hanks, ese será el destino final de la película... digo, novela, pero como libro, me ha resultado insulso, más aproximado a la ciencia ficción (como concepto y no como género) que a la ficción y con una tendencia casi exasperante a dilatar momentos supuestamente reveladores (y otra a que todo sea lo más de lo más, pero eso ya lo sabía y me resulta casi divertido).
     Por cierto, no os voy a contar el secreto que quería desvelar Kirsch, pero me encantaría que, cuando lo vayáis leyendo, me comentéis lo que os parece.

     Origen me ha parecido, con diferencia, la historia más diluida de la saga de Langdon. Creo que le ha faltado fuerza y credibilidad.

     Y vosotros, ¿cuál es la última novela que os tuvo pegados a sus hojas?

     Gracias.

lunes, 23 de octubre de 2017

Un libro de mártires americanos. Joyce Carol Oates


     "Di una sola palabra y mi alma será salva. 
      El Señor me dio la orden. En todo lo acontecido no vaciló su mano. 
      Se oyeron gritos:
      —¡Atrás! 
     Apunté en primer lugar a Voorhees. El médico abortista dijo con voz ronca y cortante:
      —¡Atrás! ¡Baje esa arma!
      Y otros gritaron:
      —¡No! ¡No!
      El Señor ejecutó mis movimientos tan deprisa que los ojos del enemigo ni siquiera tuvieron tiempo de reflejar miedo o alarma. No manifestaron terror alguno, tan solo sorpresa pura y simple."

     Oates me gusta, desde que descubrí su pluma con Blonde, sigo fielmente su trayectoria y por eso, cuando descubrí que salía a la venta este libro, no pude hacer otra cosa que marcarlo en el calendario. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un libro de mártires americanos.

     Conocemos a Luther Dunphy un soldado de Dios, una mano ejecutora que no duda en matar a Gus Voorhees, médico abortista, convencido de que con su muerte iba a salvar las vidas de muchos niños inocentes. Y no solo de esos niños, también las vidas de sus madres iban a ser salvadas; porque una mujer que aborta, de algún modo pierde su alma ante Dios. Y conocemos a sus familias, principalmente a sus hijos que nos mostrarán cómo han quedado marcadas sus vidas por las de sus progenitores ausentes.

     Nadie en su sano juicio compararía a Oates con un escritor como Stephen King pero ambos tienen en común su aparente facilidad para escribir. Desconozco, al menos no quiero aventurarme y fallar, el número de títulos que tiene esta mujer escritos, pero a buen seguro que con una media de dos libros por año y la edad que tiene, la cifra escandalizaría a más de uno. Y la calidad de su obra, también. De hecho el título de hoy, por ejemplo, además de la calidad, suma más de setecientas páginas. Como digo, es algo realmente impresionante.

     Un libro de mártires americanos tiene un comienzo abrupto. Luther asesina a Voorhees en la primera página, y también a su escolta dicho sea de paso. Y sin embargo no es un libro que trate sobre el aborto, al menos no únicamente. Pero así comienza y nosotros partimos con un protagonista muerto, y el otro encerrado. Y, al igual que Oates le da voz a Luther pero no a Gus (Voorhees), el lector recibirá un poco más de información sobre el primero que sobre el segundo, que nos llega basado en recuerdos, opiniones ajenas... pero están muertos. Así que la novela fija su mirada en las familias de ambos, dos familias infelices y entrelazadas por el trágico suceso. Pero muy diferentes, sobre todo porque, como bien dice la hija de Gus, ellos no tienen padre. Familias por las que va pasando el tiempo y que viven las diferentes etapas del duelo, que avanzan. La hija de Gus aprende sobre el pasado de su padre, la de Luther aprende a boxear (un tema que está claro fascina a Oates, y que sabe como tratar en sus novelas), pero la vida sesgada termina quedando adherida a la de aquel que se la arrebató. Y mientras esto sucede, y cambiando a cursiva, la autora reflexiona y el lector también. Consigue que entendamos tanto a los cultos y liberales Voorhees, como a los pobres y extremadamente devotos, Dunphy. Y quizás el reflejo de la opinión de la autora comience en la situación que otorga a las familias ya que, aunque hay un esfuerzo por dejar ver al lector el proceso de radicalización de Dunphy, jamás logramos sentir empatía hacia él. Y sin embargo nos resulta más fácil sentirla hacia su familia, víctimas también, igual que lo son los Voorhees. Realizamos el camino de Dunphy hacia lo que hemos conocido en la primera página sin perder de vista la palabra fanatismo y el peligro que esa palabra implica, y recordamos que no hace tanto que esos asesinatos sucedían en Estados Unidos. Y en el lado contrario está la víctima, que también lucha por sus ideales, convencido de su causa y con una misión que le ciega igual que a su verdugo, ante las opiniones o consecuencias que pueda tener en otros. Y entonces, el título de la novela cae sobre su propio pie. ¿No son acaso ambos protagonistas mártires americanos de sus propias creencias y valores? Y Oates nos muestra la vida de sus familias, que son sacrificadas sin temblar en la decisión de estos hombres, relegadas a un lado, y luego sufren las consecuencias más directas de las acciones de estos dos hombres. Es una novela a ratos dura, incluso muy dura en esos capítulos cortos con los que su autora parece querer sacudir al lector; una historia con giros y personajes inolvidables de la que pronto olvidamos su extensión para sumergirnos de lleno en conciencias ajenas.

     Pero comenzaba diciendo que este no es un libro que trate únicamente del aborto y sus posibles dilemas morales a uno y otro lado, ni tampoco es un libro sobre los peligros que encierran los fanatismos, Oates trata muchas más cosas, como ya nos tiene acostumbrados. Habla de moralidad y también de pena de muerte, ya que esa es la condena de Dunphy. Habla de leyes, terrorismo y religión y obliga a su vez al lector a reflexionar sobre todos estos temas.

     Un libro de mártires americanos en un libro de hijos, de guerreros que luchan y de ideales, convicciones y crítica. Una novela magnífica en la que su autora no tiene miedo a los temas intocables y que muestra paralelismos entre dos historias opuestas relatadas buscando una imparcialidad a veces complicada. Es, en definitiva, un gran libro. En toda la dimensión de la palabra.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 19 de octubre de 2017

Música nocturna. John Connolly


     "A quienes observaran su vida desde fuera les habría parecido que el señor Berger llevaba una existencia muy gris. De hecho, puede que el propio señor Berger hubiera opinado lo mismo."

     Me gusta Connolly y esta vez me pilló por sorpresa la llegada a las librerías de un nuevo título; no sabía que iba a salir o, al menos, no lo recordaba. Hoy traigo a mi estantería virtual, Música nocturna.

     Esta vez estamos ante un libro de relatos en el que lo sobrenatural tiene una gran presencia. No solo eso, además la literatura está también muy presente en un libro que se cierra con un ensayito autobiográafico en el que el autor nos hablará de un encuentro con una lectora que le sirve para hacer un repaso por libros de terror ya viejos.

    No es la primera vez que Connolly nos deja un libro de relatos. En el año 2004 publicaba Nocturnos, un título marcado por el terror incluso más que su saga protagonizada por Charlie Parker. Música nocturna, que aparece ahora en nuestro país, se ha publicado bajo el título Música nocturna: Nocturnos 2.

     En esta ocasión, y aunque el cuento de mayor importancia y extensión seguramente sea El Atlas Fracturado: cinco fragmentos, hay otros dos o tres para ser exactos que compiten en importancia. Todos ellos, por cierto, relacionados con la literatura.
En El atlas de las nubes fracturado, será un libro empeñado en reescribir la realidad el protagonista. Un libro que llegará a manos de algunos comerciantes y que Connolly usará para una historia de terror en estado puro.
Por otro lado estarán los dos cuentos que se basan en La Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton, el primero con ese título y el segundo de ellos Holmes anda suelto: un relato sobre la Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton. El primero es el que abre el libro y al que pertenece la frase seleccionada al comienzo de esta entrada. En él conocemos al Sr. Berger, un hombre retraído y con una vida monótona y aburrida, aficionado a leer. Tanto es así que un día le parece ver a una mujer suicidarse, tirándose a las vías del tren después de haber dejado un bolso rojo... sí, como en Anna Karenina. Ese día y ese punto exacto de su vida, le llevarán a conocer la Biblioteca Privada, un lugar extraordinario en parece albergar a personajes literarios. No es de extrañar que Berger pregunte si Holmes reside en ella, y tampoco lo es encontrarnos luego un relato protagonizado precisamente por el propio detective aludiendo a esta biblioteca. Si os digo la verdad, mis favoritos. Supongo que por la sorpresa al comenzar el libro, por la existencia de la biblioteca o por todo a la vez.
El último de ellos, y también del libro, es Vivo aquí, el ensayito al que antes hacía referencia.

     Además de estos títulos, podemos encontrarnos otro buen puñado en este volumen que supera las cuatrocientas páginas y en el que Connolly ha decidido desplazarse geográficamente para hablarnos de milagros, pesadillas, venganzas, peajes y, por qué no, fantasmas. El denominador común de este libro, más allá de lo paranormal, es el terror, la pesadilla. Ese juego que parece traerse el autor con el lector para que cualquier cosa pueda ser susceptible de convertirse en ella. Y el resultado, tengo que reconocer, es cuanto menos inquietante. Perfecto para estas fechas.

     Es muy difícil mantener una calidad uniforme cuando estamos ante un libro de relatos. Para un poco como cuando nos compramos un cd, que por mucho que creamos que nos guste, al final nos quedamos con unas cuantas canciones, las favoritas. En este caso Connolly si consigue esa uniformidad, pese a que todos los lectores vayamos a tener nuestras preferencias. Personalmente, me  he divertido mucho con sus cuentos para no dormir.
   
     Y vosotros, en estas fechas... ¿leéis terror?

     Gracias.

martes, 17 de octubre de 2017

La casa del callejón. David Mitchell


     "Hay un portón de hierro negro pequeño empotrado en la tapia de ladrillo. Es chiquitísimo. Yo rondo el metro y medio, y solo me llega a los ojos. Una persona gorda tendría que meterse a la fuerza. No tiene pomo, ni agujero de la cerradura, ni rendijas junto a los bordes. Es negro, negro como la nada, como los huecos entre las estrellas."

     El año pasado descubrí Relojes de huesos, que leí con sumo placer. Por eso, y por su relación con este título, no tardé en comprarlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La casa del callejón.

    Estamos en Slade Alley, un callejón de Londres que, si no sabes dónde buscar, seguramente nos pase desapercibido. En ese callejón hay una pequeña puerta sin pomo que lleva a Slade House. Y conocemos Slade House, una casa encantada cuya puerta se abre periódicamente para dejar paso a un huésped de honor. Pero no es una casa normal, es una casa encantada. Algo habita en Slade House.

     La primera pregunta a responder es la relación entre esta novela y Relojes de hueso. La hay, y es evidente, en la presencia inmortal que habita la casa, que podría ser la misma, aunque con menos apetito que la que ya conocimos en Relojes, ya que aquí, la casa se abrirá cada nueve años. Dicho lo cual, esa necesidad de alimentarse será el hilo conductor a lo largo de cada una de las historias que componen esta novela. Mitchell estructura su libro en visitas, es decir, revivimos nueve veces la misma situación, descubriendo que, a medida que nos acercamos a nuestra época, los invitados a la casa son más suspicaces y son capaces, además, de recibir pequeños avisos del anterior, lo que nos llevará a pensar que pronto habrá algún tipo de enfrentamiento en dicho lugar, ya que descubrimos además que no todas las "presencias" son iguales (cosa que también sucedía en Relojes).

     Sabido esto la historia tiene su origen en twitter. David Mitchell comenzó un hilo en el año 2014 en el que ya presentaba a Nathan, protagonista de la primera de las experiencias del libro. The right sort, así es como se llama, puede aún leerse aquí, si alguien tiene curiosidad. El lector encontrará alguna diferencia con su paso a papel, pero está todo ahí. Supongo que la historia creció o tuvo el éxito suficiente como para que Mitchell decidiera convertirlo en una novela. Una novela que es fácil de seguir y en la que encontramos alguna pauta común con las formas de un autor que tiende muchas veces a convertir los capítulos de sus libros en una suerte de micronovelas entrelazadas. En este caso es un poco lo mismo, y aunque tenemos clara la relación entre las historias que saltan de 9 en nueve años y ya cuando aparece el policía no tardamos en verlo como la víctima frente a los verdugos, cada vez tiene que dar comienzo a una pequeña acción casi desde cero que genere una voz diferente para cada víctima. futuras víctimas sin saberlo que irán relatando sus historias en las que, pese a los avisos, están condenados (o lo parece) apenas ponen la mano sobre la pequeña puerta.

     Mitchell nos deja una casa encantada que es mucho más que eso. La mezcla con una suerte de vampírica inmortalidad, obligando al lector a decidir si son buenos o malos estos vampiros, y lo hace guiando convenientemente nuestro juicio en función de sus necesidades apelando a la moral.
     Una vez más, no es simple terror y no asusta; y una vez más, y pese a que aceptamos incluso antes de comenzar que estamos ante scifi, la novela parece estar firmemente agarrada al realismo de los distintos personajes que la forman, lo que nos lleva a un título inclasificable con una simple etiqueta.

     Me ha gustado La casa del callejón. Me he divertido encontrando la nada de Momo, pensando en los jardines del País de las maravillas, en Lovecraft y también en vampiros. Es una pequeña rareza. Pero solo en volumen es pequeña, no os dejéis engañar por las apariencias.

      Y vosotros, ¿preferís novelas cortas o extensas?

     Gracias.

lunes, 16 de octubre de 2017

Pandemia. Franck Thilliez



     "—Perfecto. He recibido una llamada de la prefectura del norte. Ve inmediatamente a la reserva ornitológica de Marquenterre, en la bahía de Somme. La razón oficial del cierre del parque es un problema de mantenimiento. IVE, exige la mayor discreción. Tomad el coche de Johan, él ya está al corriente. Protocolo habitual. 
     —Muy bien. ¿Y cuál es la verdadera razón del cierre del parque? 
     Alexandre Jacob contaba con una habilitación personal de seguridad de defensa y no era el más hablador del servicio. 
     —En una reserva de pájaros, ¿qué crees que se puede encontrar?"

     Aunque Latidos no me gustó demasiado, su autor sí que siempre me había agradado, por eso y porque no concluía la trama tenía ganas de que saliera este libro al mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Pandemia.

     Amandine es una microbióloga a la que llaman cuando aparecen unos pájaros muertos. Por otro lado unhombre aparece asesinado junto a su perro y Sharko es requerido para la investigación. Pronto se da cuenta de que es mucho más que un asesinato fortuíto y además, pronto verá su equipo diezmado a causa de la gripe. Una gripe que les relacionará terriblemente con lospájaros muertos ya que eso significa que ha saltado a la especie humana. Los casos se complican y parecen entrelazarse y comienza la carrera.

     Estamos ante un nuevo volumen de la saga de Sharko y Henebelle y esta vez es prácticamente imprescindible haber leído el anterior, Latidos, ya que la historia continúa incluidos algunos personajes nuevos. Es cierto que también hay un nexo con Atomka, pero ahí es mucho más fino que con Latidos, cuya historia queda resuelta al terminar este nuevo título. Es decir, quien no haya leído Latidos, puede dejar de leer esta entrada. He avisado.
     Llegué a esta novela con esperanzas. Si bien creo que eso de llamar al "malo" El hombre de negro, es un alias demasiado setentero que se me antojaba más irrisorio que intimidatorio, tenía esperanzas en Thilliez y su capacidad para crear personajes. Una esperanza que, apenas comencé a leer esta entrega, dio al traste, ya que todo el mundo parecía seguir estremeciéndose por lo que significaban esas palabras. En cuanto a la trama he tenido la sensación de ir a la deriva junto a un autor que mordía demasiadas manzanas sin tener claro con cuál debería quedarse. Y es que, me parece bien la gripe, pero si se decide por ella es hasta las últimas consecuencias y aquí el autor va saltando de punto a punto hasta ver si es capaz de encontrar lo más terrible del mundo dejando un montón de hilos abiertos que resuelve a golpe de plumazo sacrificando de este modo la buena fe de un lector que se queda sin más de una explicación. Sigo pensando que, al igual que su predecesor, es una novela apresurada, y esta vez hablamos de un libro de seiscientas páginas, pero es difícil despegarse esa sensación cuando vamos viendo como se dan tumbos entre demasiados elementos habituales en las novelas de este género en los últimos tiempos. Os aseguro que cuando vi como tiraba del recurso deep web sin ningún pudor, casi me atraganto con la palabra pastiche.

     En cuanto a los personajes, Thilliez parece seguir relegando a Henebelle, ya sea por un motivo u otro, a un segundo plano en las investigaciones a la vez que metemos un poco la cabeza en la vida doméstica de la pareja protagonista. No es la primera vez que un autor que tiene una pareja protagonista, opta por esto pero, si soy sincera, espero que recapacite y nos devuelva a la Lucie que todos conocíamos incapaz de parar quieta un momento y más preocupada de si recibía un disparo Franck que del punto al que le gusta comer un filete. Como en el anterior, parece encontrar otro personaje femenino en el que apoyarse, en este caso Amandine una mujer cuyas excentricidades y profesionalidad se unen pero que tampoco ha terminado de convencerme, me ha dejado dudas.

     Latidos es una novela cuyo mérito es tener un buen ritmo, consiguiendo distraer al lector que decida no pararse a pensar. En mi caso ha sido una decepción ya que, como comentaba al principio, esta saga es de las que más me gustan y no he quedado conforme en general ni con la historia ni con su desenlace. No obstante no diré que me planto ya que es casi seguro que le de otra oportunidad con el siguiente volumen de la saga que llevará por título, si no cambia en la traducción, Sharko.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 10 de octubre de 2017

Zona Uno. Colson Whitehead


     "Siempre había querido vivir en Nueva York. Su tío Lloyd tenía un piso en el centro, en Lafayette, y durante los largos períodos de tiempo que transcurrían entre las visitas que le hacía de vez en cuando, fantaseaba con vivir allí. Cuando su madre y su padre lo arrastraban para visitar la exposición elegida para aquella temporada o asistir al exitazo de Broadway que, según ellos, le convenía tanto ver, solían dejarse caer en casa del tío de Lloyd para darle un rápido saludo."

     Pese a que esta novela es una reedición, en su día no me llamó la atención. Tras El ferrocarril subterráneo, es lógico que aparezcan reediciones y otros títulos de su autor y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Zona Uno.

     Conocemos a Mark Spitz, un limpiador. Un muro de hormigón que pasa por Broadway y canal separa a este hombre y sus compañeros de los no muertos que pueblan ahora las calles. Desde una noche de domingo llamada "La Última noche" el mundo ha cambiado, la sociedad vivió un momento sangriento y ya nada es lo que era. Ahora hay skels (no muertos, esqueletos) en las ciudades y, si bien la mayoría son torpes que permanecen en los lugares habituales en los que estaban en vida, hay otros peligrosos y violentos. Todos ellos con sed de sangre. Por eso el equipo de Spitz lleva unos trajes de un material especial mientras miran hacia Buffalo, lugar más importante de este nuevo mundo, e intentan limpiar la zona uno en un intento de reconquistar sus vidas perdidas.

     Muchos han sido los que se han sorpendido al encontrarse Zona Uno firmado por el recientemente premiado con el Pullitzer, Colson Whitehead. Y es que, seamos sinceros, un libro de zombies hace que muchos arruguen la nariz porque es un tipo de literatura considerada de género, y decidan de entrada, no acercarse. Una pena, hay novelas estupendas y no deberíamos de cerrarnos las puertas.
   
     Zona Uno comienza como una novela de zombies cualquiera: una plaga asola el mundo, muertos vivientes pululan de una forma más o menos desordenada y/o agresiva, y un grupo de personas tiene que vérselas para sobrevivir y, en este caso, ir habilitando la ciudad por cuadrantes. Sin embargo Colson opta por jugar con el argumento para hacer una crítica mordaz a la sociedad en la que vivimos. En un mundo poblado de cenizas de muertos (ya sean de guerras, terrorismos....), en un mundo que ha cambiado y que nos lo refleja a la perfección en los contínuos flashbacks de su protagonista a momentos anteriores, se añora esa vida, esas marcas... Incluso en esa situación, hay que tener cuidado con las marcas que los sponsorizan. El resto de productos, serán un mrcado negro. Spitz representa al ciudadano de suburbios que siempre quiso ser un urbanita, que ya de niño envidiaba a su tío residente de un imponente rascacielos, aunque solo viviera en un noveno piso, y que sueña con colaborar en el desarrollo de estas ciudades para tener su oportunidad de ser el hombre que soñó. Entre tiroteos y mordiscos dolorosos, nos adentraremos en recuerdos convertidos ahora también en algo doliente, el miedo a encontrar entre los skels a un amigo, conocido o familiar es latente y el stres post traumático una realidad que se combate con la esperanza, a la que se le pone nombre. La gran novedad, al menos para mi, ha sido un porcentaje mínimo de estos zombies que logran provocar en el lector sensaciones inesperadas. Todo un acierto por parte del autor.

     Y para lograr todo esto, Colson utiliza una línea temporal mínima. Si el mundo queda asolado en una noche, Whitehead nos cuenta su historia en tres días, un  largo fin de semana lleno de elaboradas frases que me sorprendieron desde las primeras páginas. Una historia muy elaborada que se aleja totalmente de aquellas tipo Walking Dead y de cuya lectura he disfrutado enormemente. Animáos, merece la pena. Es un placer leer a Colson Whitehead y Zona Uno es mucho más que una novela de zombies.

     Y vosotros, ¿hay algún género literario que evitéis en vuestras lecturas?

     Gracias.

lunes, 9 de octubre de 2017

El hombre que perseguía su sombra. David Lagercrantz


     "Holger Palmgren se encontraba en la sala de visitas, sentado en su silla de ruedas, y dijo: 
     —Siempre he querido preguntarte por qué es tan importante para ti el tatuaje del dragón. 
     —Tiene que ver con mi madre. 
     —¿Con Agneta? 
     —Yo era pequeña, debía de tener unos seis años. Me escapé de casa. 
     —Ah, sí, creo que ya me acuerdo. Había una mujer que solía visitaros, ¿verdad? Y que tenía una especie de marca. 
     —Sí, era como si su cuello hubiese ardido. 
     —¿Como si el fuego de un dragón se lo hubiese quemado?"

     Cuando un lector comienza una saga, si esta le gusta, lo habitual es que la siga. En este caso el autor original falleció y se le encargó a otro su continuación, y en ello estamos. Hoy traigo a mi estantería virtual la última entrega de la saga Millennium, El hombre que perseguía a su sombra. Millennium 5.

     Debido a lo sucedido en el volumen anterior, encontramos a Lisbeth Salamnder en la cárcel. Allí asiste a los abusos y la brutalidad particularmente centrados en una joven cuya historia llama la atención de Salander. Fiel a sus principios se propone ayudarla de algún modo por lo que encargará que se investigue lo que sucede con esta joven chica. Por otro lado seguiremos con el hilo que tira del pasado de Salander.

     Nadie duda de la complejidad que supone recibir el encargo de adentrarse en un universo creado por otro, sobre todo si los protagonistas son tan singulares como Salander y Blomkvist, pero ahí tenemos a Lagercrantz ya en el segundo libro de la saga Millennium firmado por él. Además en esta ocasión se ha permitido algunas licencias más que en el anterior, libro en el que jugó con el lector y la protagonista a cargar de tensión la historia hasta conseguir una entrada triunfal de Salander. Esta vez, el libro gira en torno a ella, y desde las primeras páginas estará presente. Lagercrantz ha optado por ir hacia atrás para responder preguntas que el lector podía tener e intentar justificar el carisma de sus personajes, y lo ha hilado con una trama carcelaria. Dos historias que convergen en la propia Salander y que serán investigadas, como viene siendo habitual, por el periodista de Millennium.
     Sin embargo, y pese a que Salander debería de alzarse como la gran protagonista, me la he encontrado con muchísima menos potencia que en las entregas anteriores, como si, pese a aparecer más que nunca, lo hiciera de forma desdibujada. Y no he podido evitar la sensación de que se perdía algo de su esencia, de fortaleza, en este camino, sensación que me ha perseguido hasta las últimas páginas y que no he tenido con su compañero Blomkvist. Esta especie de juego desigual unido a una trama que no me ha parecido demasiado novedosa ni original ha provocado que tenga la sensación de estar ante una novela nórdica más, o tal vez haya sido las expectativas con las que todos llegamos siempre a los títulos Millennium. Pero, al menos por mi parte, he echado en falta los diálogos y algunas descripciones, al mismo tiempo que me han sobrado determinadas explicaciones que lo único que provocaban era un parón en la trama, de tal modo que le ha faltado ese dinamismo de Larsson, así como una evolución en la relación entre Blomkvist y Salander.

     El hombre que perseguía a su sombra es una novela ágil y entretenida cuyo ritmo aumenta en las últimas páginas y que se cierra con la firme promesa de una entrega más con la certeza de que, los lectores de la saga, estaremos esperando impacientes.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas o preferís libros autoconclusivos?

     Gracias.

viernes, 6 de octubre de 2017

La belleza es una herida. Eka Kurniawan


     "Una tarde, un fin de semana de marzo, Dewi Ayu se levantó de su tumba tras haber pasado veinte años muerta. Un pastor que estaba echando la siesta a la sombra de un franchipán se despertó, se meó en los pantalones cortos y chilló, y sus cuatro ovejas salieron corriendo cada una por su lado, entre las lápidas de piedra y de madera, como si alguien hubiera soltado un tigre."

     Hace años, cuando comenzaba mis aventuras como lectora, existía una colección de libros llamada "Narrativa de otras culturas" que me permitió viajar a través de las letras. Siempre me han interesado ese tipo de libros y, seguramente por eso, me atrajo el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de La belleza es una herida.

     Conocemos a Dewi Ayu en el momento en que regresa de su tumba. Veintiún años antes había fallecido, justo después de dar a luz a su cuarta hija, y ese es el primer pensamiento que tiene al regresar: su cuarta hija, Bella. Dewi Ayu fue una mujer hermosísima, prostituta, que tuvo tres hijas rotundamente hermosas. Después nació Bella, cuya fealdad hizo estremecerse a cuantos la contemplaron al nacer.

     Poco más de quinientas páginas son las que necesita Kurniawan para escribir una saga familiar ambientada en Indonesia, que nos relate además su tumultuosa historia reciente, y que contenga elementos bellísimos de un realismo mágico que se ve reforzado por la base de la trama de la novela: la historia de la mujer que se levantó de su tumba. De hecho, solo con este comienzo, ya gana la atención de sus lectores: ¿qué me está contando este hombre? nos preguntamos extrañados ante tan abrupto comienzo. Un comienzo llamativo, que terminará siendo una constante capítulo a capítulo a lo largo de todo el libro, en todas las variantes que imaginemos y puede que alguna más.
     La ambientación, el contexto histórico, es uno de los componentes más importantes de la novela, ya que se sitúa en una época en la que Indonesia pasa de las manos holandesas a las japonesas para terminar en la de los propios indonesios. Y esto será determinante para una hija incestuosa de holandeses, como es Dewi, que en el primer cambio se verá recluida en un campo que veremos pasar por distintas manos. Así es como Dewi comienza a ser consciente de su belleza, y del uso que puede darle. Su maldición, que luego le permitirá llegar a altas esferas, será esa belleza que le hizo pasar por más de ciento sesenta hombres: que le convirtió en puta en una sociedad en la que el papel de la mujer es secundario y en una novela en la que los hombres solo aparecen para cumplir su función designada.
     "No hay peor maldición que traer una niña guapa a este mundo de hombres repugnante como perros en celo."
     Estas palabras salen de la boca de Dewi cuando nace su última hija, Bella. Y, pese a ser un personaje determianante, esta cuarta hija tendrá que compartir protagonismo con esa otra belleza que se escribe con minúscula y que marca destinos. Sobre todo si tu nombre es Bella y eres fea. Y si tu madre vuelve tras tantos años de ausencia entre los muertos.

      Todo esto es la novela de Kurniawan, en cuyas palabras uno no puede dejar de ver ecos de mitos o cuentos tal vez orales sobre resucitados y fantasmas. Una novela cuyas páginas están llenas de brutalidades y violaciones, secretos y muertos que llenan lugares, venganza, locura, crítica a los colonialismos y las guerras, a la codicia y también un sentido del humor corrosivo que se cuela en algunas de sus frases. Y todo ellos queda perfectamente compensado con algunas de las imágenes más hermosas que me he encontrado en mis últimas lecturas. Esas que pertenecen a la fantasía y que el autor introduce casi sin que lo notemos, como una metáfora, aumentando la sensación en el lector de estar ante un terrible cuento para adultos. Un cuento de esos que aún no fueron edulcorados, en los que los monstruos acechan en muchos lugares, el mundo no es un lugar tan hermoso y los héroes tal vez no lo sean tanto.

     La belleza es una herida es un libro ambicioso y tremendo que se queda pegado al lector tras finalizarlo. Nos deja la certeza de haber leído algo especial, un poso, un resto que hace que, días después y mientras hacemos cualquier cosa, nos asalte una imagen, un pensamiento recogido de las palabras de Eka Kurniawan. Sobre este título estoy segura de una cosa: no dejará a nadie indiferente. Y a mi me ha encantado el viaje.

     Y vosotros, ¿os aventuráis en vuestras lecturas a viajar a otros países?

     Gracias.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Detrás de sus ojos. Sarah Pinborough


     "Pellizcarme y repetirme cada hora: No es un sueño.
     Mirarme las manos. Contarme los dedos.
     Mirar un reloj, apartar la vista, volver a mirar.
     No perder la concentración ni la calma.
     Pensar en una puerta."

     Me gusta Sarah Pingorough, por eso tenía curiosidad por su nuevo título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Detrás de sus ojos.

     Conocemos a Louise, una mujer divorciada con un hijo pequeño que tiene un trabajo a tiempo parcial en una clínica privada y una nula vida social o amorosa. Una noche conoce a un hombre por el que siente una inmediata atracción en principio correspondida, pero está casado y la cosa no va a mayores. Lo que no espera es encontrárselo al día siguiente en el trabajo: es David, su nuevo jefe, que aparece con su bellísima esposa. Y tampoco esperaba encontrársela en plena calle de sopetón y empezar una amistad.

     Detrás de sus ojos es una novela de torsiones, un libro en el que el lector comienza una historia y termina con otra entre manos totalmente distinta. De hecho, una vez leído, desafiaría a cualquiera a ponerle una única etiqueta que no fuera narrativa contemporánea, ya que se mueve en ese espacio intermedio situado entre géneros que, bien llevado, puede resultar atractivo a aficionados y no aficionados a ellos.
     Pinborough utiliza una doble voz, la de las dos mujeres protagonistas, y dos momentos temporales, uno en pasado y el actual. Nos lleva sin opción a perdernos a través de una historia que se va oscureciendo a medida que avanzamos en ella. Las voces se diferencian perfectamente, más incluso a medida que avanzamos ya que la psicología de los personajes se va descubriendo a través de sus propios pensamientos y reflexiones. De este modo lo que parece un triángulo amoroso se complica en una red de secretos y mentiras que anuncian que nada bueno puede salir de ello. Lo que parecía un matrimonio problemático y una tercera persona, tal vez manipulada por una o ambas partes, se va convirtiendo en una historia retorcida de obsesiones y engaños que consiguen atrapar a un lector que irá tan a ciegas como una de sus protagonistas. No significa esto que la autora nos obligue a tomar partido por Louise, pero sí que será nuestros ojos en la novela e iremos descubriendo con ella cada una de las capas de esta novela que termina con un giro monumental del que nada os puedo decir. Sería imperdonable si alguien os diera una pista sobre las distintas naturalezas de esta historia. Es una novela cuya lectura debe de ir acompañada del lento descubrimiento de cada una de sus partes, en la que el lector se llega a sentir a ratos tan torpe como la propia Louise, pero ese sentimiento es un trámite imprecindible para que luego todo funcione.

     Detrás de sus ojos funciona. No os dejéis engañar por las apariencias porque poco o nada tiene que ver con Perdida o similares, Pinborough va mucho más allá en este título. De hecho, cuando uno cierra el libro aún puede notar los temblores que han producido sus últimas cincuenta páginas en toda la historia. Y, y aquí viene lo realmente bueno, consigue que todo quede en su sitio, nada se desmorona, cada palabra, cada gesto de cada personaje, cada rasgo, paisaje o palabra, estaban calculados al milímetro. No es una novela de esas que dicen de ritmo vertiginoso, no hace falta para que el lector sienta la necesidad de seguir leyendo, de descubrir la historia, los secretos...

     No dejéis que nadie os lo cuente, leedlo.

     Y vosotros, ¿sois lectores "de género" o preferís mezclar?

     Gracias.